DPTO 02-08

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CARTA PARA ANTONIO

Esta es la tercera carta que no me contestas, acaso has muerto?

Entiendo que estés molesto pero al menos me gustaría saber si el trasplante salió bien. Paso la tarde pensando que si estás vivo el calor empeora tu recuperación y que si has muerto lo hiciste furioso conmigo. Espero que no hayas muerto.

Si al menos me contestaras para pelear, extraño nuestras discusiones me parece impresionante que defiendas tanto a los comunistas, a la supuesta lucha que equipara la justicia en el mundo, defiendes con tanto romanticismo a la izquierda que quiero protegerte de tu éxtasis conductual, no hayo manera de que entiendas que sigues a los zombis,  me imagino que si vives y estas leyéndome, en este momento debes estas refunfuñando con lo que tu consideras son muy buenos argumentos y gritándole a la carta que soy una facha pobre.

¿Te cortaste las uñas este mes?  Te odio por siempre tenerlas largas, te compre un cortaúñas para  tu cumpleaños, espero que no hayas muerto con las uñas largas, aunque si estás vivo y te llega el cortaúñas de seguro se lo lanzas al hombrecito  de la encomienda con toda tu esplendorosa personalidad.

Antonio contéstame, realmente te extraño, sé que tengo gran parte de la culpa pero en todas las relaciones alguien la tiene, tal vez no debí darte la noticia por carta y por eso me castigas dejándome a solas con mis incesantes monólogos dirigidos a ti y tu anciano colon.

¿Cómo va el juicio? Lo último que supe es que no llegaste a ningún acuerdo,  me parece muy bien que no negocies, además debes respetar la última voluntad de Cecilia, ella siempre dejó claro que al morir un fetichista heredaría sus pies talla 33, sumándole a eso que no es fácil cumplir con sus requerimientos de encontrar un taxidermista  argentino  que deje a la perfección la caída de su empeine.

Yo estoy bien, pero no tanto, no he vuelto a comer pescado crudo con limón, ni siquiera me acerco a las ferias peruanas, eso es algo que solo me permito contigo, desde que no se de tí, cada vez que pienso en el ceviche me empiezan a doler las tripas y en vez de que se me haga agua la boca me dan ganas de vomitar, creo que sufro abstinencia a falta de tus chistes malos, a la falta de tus ojos olivos siguiendo el culo de las garzonas, si estás vivo se que sonreíste recordando esos traseros firmes extranjeros que te servían el pisco sour de maracuyá.

Antonio contéstame, si decidí volver a la casa con Teresa no es porque que a ella la quiera mas, al contrario, en mi mundo perfecto estaríamos los tres viviendo juntos, pero coño uds dos son súper cuadrados, conservadores y sureños, tu eres mi lámpara en el lado izquierdo de la cama, tu eres la ternura que no encuentro en las sopas de cebolla, tu eres mi espacio al vacio, si estás vivo de seguro estas pensando que soy súper descarada, siempre dijiste que yo era una perra maldita, y tal vez tengas razón pero por Dios al menos no soy aburrida o mosca muerta.

Finalmente me estoy terminado Rayuela, si estás vivo  de seguro estas volteando los ojos pensando que soy cliché, pero ambos sabemos que el libro me lo robe de la biblioteca de tu casa, no extraño que ronques como mastodonte, ni extraño llegar trasnochada a mi trabajo para atender una fila de exiliados en la embajada, deberías decirle al doctor que te arregle eso cuando te trasplante el colon, si es que aún no te operan, espero que no hayas muerto.

 Responde pronto.

Atte,

Javiera Sánchez

Tu perrita maldita.

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DENOTACIÓN Y CONNOTACIÓN DE UN AMOR ETERNO

La siguiente es una historia real a la espera de que suceda.

Íbamos en el metrobús directo a nuestras casas, uno sentado al lado del otro, se nos había hecho tarde luego de una larga jornada en la que coincidimos nuestras esencias, esencias de personas a las que les gusta sentarse por 4 horas y mirar una ilustración, no cualquiera, una con bastante carga ideológica, artística, pintura que se destaque en centros, pesos visuales, ejes y equilibrios. Yo iba nerviosa, era un hombre demasiado hermoso el que rosaba mi rodilla izquierda, no podía dejar de verlo en disimulo rogaba en mi pensamiento que me preguntara la hora, o que por lo menos se quejara por el calor que estaba haciendo.  En ese preciso momento cuando apenas y coincidimos un cruce de miradas sonó la canción de Spinetta Todas las hojas son del viento, sonreímos comprometidos, sin que se nos vieran los dientes.

Aferrarme a tu encuentro es lo único que me salva de este deseo tan impuro que tengo de ti. Tu voz me calma, apacigua cada pensamiento apurado que tuve, que tengo y que tendré siempre de esto a lo que no le pondremos nombre ¿para qué? Los nombres dañan las relaciones. 
Ya sé que voy muy deprisa no me regañes, ya sé que los días son largos y la distancia de tu casa a la mía aprieta, ya sé que del apuro solo queda el cansancio, ya se mañana te veré de nuevo para caminar hasta que las plantas de nuestros pies se pongan rojas o tal vez desangren, pero ya sabes que debes buscar zapatillas para trotar, las Converses no son para eso; no solo caminaremos y trotaremos, sino correremos en el tiempo, porque es tu tiempo el que me apremia, es tu espacio al que le dedico todos los caminos lindos, empinados, solitarios o empedrados, tu sola presencia los hace bellos.

A lo largo del camino imaginé miles de maneras de cómo iniciar una conversación, ensayaba en mi mente las palabras precisas y los gestos que tendría cuando pronunciara la sílaba ‘no’, apretaría los labios a mis dientes y en el entreabierto mi lengua asomaría la punta a manera de cortejo; todo fue en vano el se me adelantó y me preguntó que tal me había parecido el cuadro de Darío alias el Grangris, te ví solitaria en la expo y un poco conmovida –dijo con atrevimiento.

Me gusta caminar a tu lado, si es de tu lado izquierdo mejor, puedo hacer que rocen nuestras manos, puedo detallar mejor tu movimiento orbicular, amo el caracol de tu oído parece un durazno mordido, amo el corazón que forma tu labio superior, es como si le hiciera un techo de paloma a tu sonrisa, sonrisa pícara, manipuladora y generadora de oxitocina.
No hay nube que sostenga el encuentro, estamos tan cargados de pasiones que colgamos solo de nuestros deseos; voy hacer de mi la estrella más bonita y de ti el arco iris más largo de este cielo, tus manos huelen a naranjas, puedo sentirlas en mi cara suaves, húmedas como si estuvieran nerviosas recorriendo mi sexo.

Me encantó el cartel “Emigración” –dije. Estaba repleto de emociones y vibraciones, era un cartel completamente de protesta social que reflejaba la partida de algún ser querido del país, me recordó a mi hermana y lo que sentí hace un mes cuando se fue a España. Él sonrió y respondió: me parece que nos ha gustado lo mismo. La tendencia a la simplicidad, a veces el hombre percibe estructura y color lo que percibí del cartel fue una profunda tristeza por parte del autor.  Te vi observando la ilustración, noté que te habías impregnado del sentimiento y quise preguntártelo pero te fuiste, me dice en tono sutil y tranquilo.

Entonces me gusta que me toques, por eso pedí tus manos prestadas, me gustan tus fechorías románticas con la mirada que te libra de las culpas, corto tiempo es el que nos depara infinitas las caricias en las que te envolverán mis labios y mis dedos. El olor de tus mejillas me excita y no puedo disimularlo.
Deja de regañarme que tengo el apuro del tiempo, se pueden sentir demasiadas cosas a la vez y no morir en el intento; deja de preocuparme que mañana nos vemos. ¿A qué huelen las nubes cuando están llenas de sentimientos? No soy yo es la luna, no es la luna son las estrellas, entonces perderé mi mirada en la tuya, engulliré mi boca con tu lengua y de tus abrazos quedaré prendida sin disimulo a un cielo con sol, luna y estrellas; por las noches solo nos arrullaremos en besos, en olores que contarán la pasión de cada exhalación de los poros de nuestros cuerpos.

Ambos con miradas completamente enamoradas entendimos las señales, se llama Ignacio, me tomó de la mano y nos bajamos en la siguiente parada, la estación del amor eterno.

Te haré mío con la libertad de no necesitarte nunca y viceversa.

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LOS JINETES DEL APOCALIPSIS

Me perseguía la secta LEBASI por toda la ciudad de Valera, sabían que yo era anti ellos, no estaba de acuerdo que destruyeran los pocos templos del arte tampoco estaba de acuerdo que comieran dedos de personas mayores ni tampoco que estiraran los rabos de los cerdos.  Una vez entraron a uno de los teatros, decapitaron todas las estructuras de Ana Enriqueta Terán, Teresa de la Parra y María Calcaño; incendiaron el santuario de las letras clitorianas, el único refugio de la urbe en el que podíamos, las mujeres, intercambiar las intuiciones con argumento.

Ni decir cuando entraron al museo de Rafaela Baroni.

Ellos, los destructores de la libertad artística, los asesinos de las letras, poseedores de las almas perdidas de los bardos, decidieron que yo debía formar parte de su lista negra; pero qué significaba eso, no tengo idea, nunca ha habido un registro de lo que sucede cuando por fin toman a alguien y lo pasan al inventario de poetas.

Han dicho que son agujas las que colocan en las pupilas para impedir que las personas puedan leer, he escuchado que mutilan dedos para que no se pueda escribir, tal vez se trate solo de una incineración de ideas, tal vez solo nos amarren a los recuerdos que nos duelen para hacer que paguemos los pecados, o tal vez solo nos quemen y ya; Los depredadores del arte no soportan las buenas historias, le llaman pecados mortales.  Lo que sí se con toda certeza es que cuando me encuentro con estos seres huyo a toda velocidad por las calles de Valera, ya no camino troto y cuando ellos me atinan asiento la velocidad de mis pies, ellos con desenfreno, me persiguen, me acosan, me arrojan sus cadenas.

La última vez que me atosigaron por poco me atrapan, yo recogía los restos de los libros calcinados de la única librería vintage que existía –La siete colinas-, intentaba armar tan siquiera un libro con recopilaciones de hojas en las que todavía se podían ver algunos versos, salvar algo de las letras.

Créanme que montar un poema con diferentes sonetos es completamente una ilación, pero preservar la esencia de algunas historias da color a cualquier cosa:

*
Necesito un anillo delirante
Para la oculta sombra de mi mano,
Un archivo de mar para el verano
Y documentos de agua suplicante.
 **
Si yo puede ser
Si solo pudiese ser
Si apenas ser
No se oirían estos gritos
Y esta cuerda que arrebata
El último sonido. 
***
Escribe una calle para mí
Una calle de sol como tus manos
Escríbeme una ciudad
De altos jardines luminosos.

Fue tanto lo que corrí tras esa persecución, que sentía la piel fría, la cara un poco adormecida y las manos completamente entumecidas; ellos durante esa larga  carrera, siempre se mantuvieron cerca,tanto que podía escuchar los pensamientos de tortura a la que me someterían, al igual que el chasquido de sus dientes y ni se diga del arrastre de unas cadenas, las chispas que salían con el roce de la calle era lo único que atinaba a ver por la rabadilla del ojo, tal cual jinetes del apocalipsis, pero el apocalipsis del arte.

Sin embargo, llegué a una urbanización custodiada por los militares de la cultura, o así le llamaban, estos estaban uniformados con vestiduras blancas, un colgante amarillo y una máscara, iban armados con libros de mitología griega; el lugar  estaba repleto con edificios hechos de libros, esculturas, teatros por escuelas, viejitos, cerditos y pantallas de cine en cada esquina.

Recuerdo que al cruzar la primera esquina, la película que rodaba era Selma.

Adentrarme a esa zona de confort para el lector, escultor, pintor, cinéfilo… fue sin duda alguna mi salvación, o eso pensé yo. De inmediato subí al edificio de los libros de Goethe, no sé por qué tengo la manía de recurrir a los libros universales cuando me siento agobiada. Apenas llegué al piso uno noté que se habían infiltrado algunos de los asesinos, mis persecutores, iban disfrazados de personas mayores.  Tuve que correr al último departamento, El Fausto, cuando entré, me voltee para mirar y unas plantas que estaban en la entrada se convirtieron en Gorgonas que asesinaron a los embestidores y ya sabemos cuál es el final para el que ve la cara de Medusa. Seguidamente, hubo un temblor, el piso donde yo estaba se abrió, y caí despiadadamente a un vagón, había demasiada luminiscencia al parecer me había salvado, iba directo a las puertas del cielo de las artes.  Al parecer podré entrevistar a un montón de responsables, pensé.

En ese preciso momento, desperté.

* Ana Enriqueta Terán.
**María Antonieta Flores.
***Carmen Cristina Wolf.

 

 

 

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NINA EN LA DULCE ESPERA

¡Las Nancys se tienen que acabar! Decía Nina cada vez que Eduardo no llegaba a su casa. La frase era tan convincente que cualquiera de sus primas que la escuchara se la creía. Nancy, es la mamá de Nina, es bajita, rubia obligada pero el tinte ya no le tapa las canas; llevó un matrimonio a cuestas de 29 años, se separó poco antes de celebrar las bodas de perla.

Era costurera, amante de los juegos de mesa, siempre fue una excelente esposa y cocinera, desayuno, almuerzo y cena a la hora, el jugo puntual los domingos por la mañana, las camisas planchadas  y los pantalones todos con las botas recién hechas; para los eventos sociales limonada con soda, jamás una copa, ella decía que el licor no era cosa de esposas.  En casa, los perfumes debían permanecer en la cajas, los de ella para la derecha y los de él para la izquierda, las cremas de manos, pies, cuerpo y cara sobre la mesa de noche para los masajes después del baño; el orden y la limpieza de la casa era de hotel 5 estrellas, poco se diferenciaba el amor de la obsesión un tanto compulsiva de Nancy por ser la mejor de las mujeres que encabezaba la lista de Simón.

El segundo lugar en aquella lista poco agraciada, lo ocupaba una enfermera, Enma, de unos 40 años,  no tenía ni una arruga en la cara; era alta y la encargada de prevenir las enfermedades de Simón, sexo cada dos días por la mañana era la mejor receta para bombearle sangre al corazón, nada de trasnochos con cerveza, los trasnochos deben ser con Wiskey de etiqueta.  Enma era una amante feliz, la nevera siempre llena al igual que la zapatera, una remodelación a la casa por mes, compromisos sociales, viajes y cenas familiares.  Nada de discusiones porque el estrés arruga la frente, ese es su lema.  Enma era la madre de 6 hijos, el tuñeco era el hijo de Simón.

Ambas mujeres se conocían, se hicieron las mejores amigas en el hospital dando a luz casi por igual, Nancy como madre de la niña y Enma como madre del varón. Nancy siempre supo que Enma era la amante de su esposo Simón, pero jamás renunció a los lujos de esposa por defender la causa de una situación sentimental completamente mutilada de la razón; para Nancy, Enma era una más, y siempre se repetía mentalmente “la esposa soy yo”.  Por su parte, Enma jamás pensó que aquella niñita a quien le habían puesto por nombre Nina, era la hermana mayor apenas por unas horas de Eduardo su hijo número seis, el menor, el heredero de Simón.

Nancy siempre lo mantuvo en secreto pero cuando Enma se enteró, de inmediato dejó a Simón; fue la escena tal cual de la película Closer de Mike Nichols cuando Jude Law confiesa a Natalie Portman su infidelidad, el mismo drama de parte de ella, la misma indiferencia y seriedad de parte de él; cuando Simón pidió el divorcio a Nancy para disponerse a ser feliz con Enma,  Enma nunca lo aceptó de vuelta.

Simón ahora con 63 años se sigue viendo con Nancy, a escondidas; Nina lo sabe pero disimula, quiere en casa de vuelta a sus padres, sigue esperando a Eduardo, tiene fe que este cambie, mientras se soba la barriga, han llegado sus 8 meses de embarazo, falta poco para dar a luz al niño que tendrá por nombre Simón Eduardo.

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PRÓLOGO

Avisó a sus inquilinos que debían marcharse a mediados de marzo, el anuncio del desalojo se dio a conocer en medio de la clase de yoga, así arruinó Maritza la meditación guiada por las playas del pacífico, siendo esa la primera tarde que todos hacían cola para entrar en la cabina.

La cabina se ubicaba en el patio trasero de la casa, Carmelo la rescato de la chatarrería, era una cabina telefónica amplia, vieja y hedionda, ya no tenía el teléfono y la puerta estaba descuadrada, sin ninguna razón, Carmelo decidió llevarla a la casa, convirtiéndose en la obsesión de los convivientes, la soldaron, apernaron y pintaron, sin saber exactamente qué harían con la cabina; al cuadrar la puerta cabían dos personas, forraron el interior en terciopelo vino tinto y botones color dorado, lo que dejaba espacio razonable para la ventilación, también revistieron dos banquitos  que instalaron y en el medio colocaron un cenicero que trajo Ravi de su último viaje a la india. Cuando finalmente terminaron a las 11 de la noche de un domingo, Carmelo, Maritza y Ravi escuchaban los grillos admirando la cabina, ya estaba lista, era un precioso cubículo de terciopelo con lunares dorados, dos banquitos y un cenicero de piedritas.

Como de costumbre, Carmelo leía el periódico en la cabina, leía sobre el viaje de un grupo de mujeres mormonas a la Patagonia, los nuevos autos convertibles, los obituarios y al realizar la parada en la sección de sucesos, se encontró con la noticia de que su joven amante cometió suicidio en el almuerzo anual de remeros en Viena, los sollozos repicaban y repicaban de la cabina y Ravi no tuvo más opción que atender el llamado de un Carmelo desolado y cubierto de baba, el titular anunciaba: “campeón de remo se suicida durante el almuerzo”.

El fatídico acto se llevó a cabo en plena celebración por el triunfo del campeonato, mientras todos bebían sidra fría y llevaban puestos sombreritos blancos, Augusto se disparó en la garganta.

Después de la muerte de su amante, Carmelo decidió instalar un parlante en la parte superior de la cabina que disponía de una lista con las canciones que él consideraba las más tristes, sin embargo, todos detestaban esa música, en especial Ravi, ya que era él quien más usaba la cabina, el hombre se fumaba más de dos cajetillas de cigarrillos al día, se encerraba en el cajón de terciopelo para pedirle a Shiva que entrase por sus poros como tinta verde y curase sus males. Ravi sufría a causa de una enfermedad que le causaba alucinaciones, él, únicamente alucinaba con una supuesta hija que tuvo a finales de los 90, era una niña con dos cabezas, o un par de hijas siamesas, las bautizo como las “Mica”,  la cabeza del lado izquierdo lo besaba en sus patas de gallo y la cabeza del lado derecho le recitaba a George Orwel, gracias a Shiva y las ramas curativas que traía de la India solo conversaba 2 horas al día con las “Mica”.

A pesar de sus inquilinos, Maritza tenía un presente más corriente, se encerraba en la cabina a tejer abrigos para los perros callejeros, le preocupaba que los pobres no tendrían como sobrevivir en el invierno, ese mismo febrero Alberto la abandonó, por eso también le tejía una bufanda, hasta ahora fue el único hombre que le permitió  ser libre, ella cortaba sus girasoles, escogía sus tatuajes, el dejaba que ella encendiera las lámparas rojas porque  no quería verle con luz blanca las cicatrices de la lechina. Sin embargo, ella no amaba a Alberto, así que sin dramas pudo lidiar con su partida.

No pasó lo mismo con su casa porque ella si amaba su casa, sabía con desconsuelo que ya no tejería la barba de Carmelo ni conversaría en la cabina con las “Mica” y Ravi, se secarían las matas que tenían nombres de asesinos muertos, por las goteras ya no se asomarían los gatos en la noche para verla con Alberto, en el jardín central ya no dormirían las urracas, ni se bañarían las animas de sus ancestros.

Esa tarde de febrero cuando el banco dejó en la puerta de su casa el anuncio del embargo de hipoteca, Maritza entro en la cabina para llorar, le dio play a la canción Georgia de Ray Charles, a los cinco minutos entró Carmelo y se sentó a su lado, ambos gemían en silencio, lo abrazaba como lo hace una madre con su hijito enfermo, mas tarde entró Ravi y como en un acto solemne tampoco dijo media palabra, ni siquiera las “Mica” hablaron, las cuatro cabezas moqueaban y sonreían, o al menos eso veía Ravi, de fondo sonaba  “Georgia on my mind….

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DE KEVIN SPACEY Y OTRAS DISCUSIONES

Él: Mujer ¿en serio andas comentando el escándalo de Kevin Spacey por internet?

Yo: No deberías preguntarme eso cuando tu peli favorita es Sospechosos Habituales. Por lo menos leíste la declaración del actorcito que aparece en Star Treck? No hubo abuso, no hubo penetración, no hubo más que oportunismo, si acaso lo sedujo y ¿quién no quiere ser seducido por Kevin Spacey?

Él: ¿Un niño de 14 años, y si después de esta declaración se suman muchas más? Vas a quedar en ridículo…

«Supongo que podría estar bastante enojado por lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar… pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida… Seguramente no tienen ni idea de lo que les estoy hablando, pero no se preocupen… algún día la tendrán.»

Este último fragmento lo dice Lester Burnham, amén de verlo sonreír antes de su muerte. Para los que no entienden ni media palabra de lo que leen, este es el personaje de Kevin Spacey en Belleza Americana, sencillamente nadie en el planeta haría mejor este desvergonzado papel, lamentablemente en mi adolescencia hice caso omiso de la película al no beneficiarme de los papas de mis amigas para ganar sándwiches y un par de masturbaciones.

Aunque las denuncias por acoso al actor no han sido probadas ni sentenciadas, las reacciones morales en masa se encargan de ejercer el peor castigo para Kevin y el peor de los castigos para mí, ya no veré mas a Francis Underwood  hablándome, ya no  veré mas a Francis romper la cuarta pared y decirme cómo ser más despiadada, ya terminó el ciclo de House of Cards, y no me interesa ver un nuevo rumbo de Claire Underwood con ínfulas de triunfadora, más cuando sabes que la serie terminó en un aborto oficiado fuera de toda presunción de inocencia y duda razonable.

Cada día somos más protectores, en mi caso soy defensora de Kevin Spacey; pero tenemos defensores de la mujer, los niños transgéneros, los gays, defensores de los emigrantes, de los negros, de los perros, los gatos, las vacas y de todo lo que la gente de mi generación crea que pueda preservar en el tiempo.

Esto viene al caso, porque en donde vivo  actualmente, se llevó a cabo una consulta pública sobre el reglamento de tenencia responsable de mascotas, el artículo más polémico de la consulta señala  que en las casas con una superficie de terreno inferior o igual a 100 metros el número máximo permitido será de una mascota o animal de compañía, considerando perros y gatos.

 De esta animalista discusión, el alegato de un participante eufórico que más llamó mí atención fue el siguiente:

«¿Y no se les ha pasado por la cabeza, aplicar ese reglamento a los emigrantes? No deberían existir más de dos emigrantes o un emigrante negro por metro cuadrado. Capaz que tengamos una marcha de perros, gatos, ratones, pero prefiero eso a una marcha de emigrantes vagos. Por último, una jornada de esterilización para todos.»

Afortunadamente luego de la infructífera consulta pública, decidieron eliminar el bendito artículo del reglamento; y, tanto perros, gatos como emigrantes no corremos peligro de ser expulsados de nuestras casitas o ser esterilizados.

Nota: los animales y emigrantes usados para este escrito no fueron lastimados durante el proceso creativo.

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LA DOBLE MORAL DE LA INFAMIA

De antemano informamos al lector que el siguiente texto no es la analogía de su conciencia, tampoco aceptamos coincidencias.

Inventar un consejo para el ex esposo cuando este pasaba por su quinto despecho después de haberse divorciado de ella, era lo más fácil que le había tocado a Rosa luego de la separación con Guillermo; y es que ella tenía de esas, improvisar desayunos para atenderlo.

¿Qué pasa? tu cara no es la de siempre ¿qué hiciste? La culpa la llevas a cuestas ¿quién te dejó? El corazón lo tienes por fuera; Son las preguntas de rigor que inician la conversación de Rosa. Hueles a azufre, definitivamente el traje del arrepentimiento no te queda, hace que huelas tan mal.

Rosa pisa los 50, su piel translúcida alumbra por las mañanas, el rojo de su cabello hace contraste con lo amarillo de sus dientes, siempre tiene un manicure perfecto y si es vinotinto mejor; tiene una sonrisa completamente desgastada, una mirada esmeralda trasnochada y decepcionada. Es amante del dulce de mango y decoradora de fiestas.  Es gorda ni el divorcio ni la adolescencia de sus hijos la hicieron rebajar.

¿Cuántas veces te he dicho que eres una máquina de hacerte daño? No eres la excepción Guillermo, no hay mujer en este mundo que cuide tu vejez. Eres un galán en la feria de las mujeres, sí, pero mujeres con palabras y cuerpos de miel, con miradas fijas en las testosteronas a estrenar, semen blanco no trasparente.  Hoy lloras porque Antonieta te dejó, en la noche de ayer llorabas porque Carlota te había sido infiel, mañana llorarás porque aburriste a Cristina; dice Rosa con voz entonada y un tanto despreocupada.  A las mujeres no nos gusta cuidar de nadie mucho menos la senilidad de un hombre infiel, los encantos tienen fecha de expiración Guillermo debiste pensar en eso antes de dejarme por Fernanda, agregó.

Catorce años de un matrimonio tortuoso sirvieron como escuela para convertirse en la psicóloga del ego herido, machismo masacrado y corazón frustrado de Guillermo.  Fue la única esposa que él tuvo, ha sido el único hombre que ella ha metido a su cama.  Rosa sirve café para ambos, recoge su cabello, se hace un moño alto, amarra la bata de baño a su cintura, enciende un cigarrillo y le ofrece otro a él.

¿Ya no fumas, por qué, a Mari no le gusta? Tu padre siempre tuvo razón, Mari sería la única que lograría que dejaras el cigarrillo, no era una niña linda pero era inteligente, suficiente para compartir más que un chocolate y un halls, lástima lo que le hiciste, lástima que se marchó. ¿Para qué has venido Guillermo, perdiste la sonrisa, o no encuentras a Dios? Tu lado en mi cama sigue intacto, no dejo que nuestros hijos se acuesten ahí. Sécate que puedo verme perfectamente reflejada en las lágrimas que están a punto de caer de tus ojos y no lo soporto. Ahhh ya se, lo que necesitas es el cariño de Virginia, ya mañana ella llega de Panamá, su cariño te ha sentado muy bien estos últimos meses; no habías vuelto a llorar; dice Rosa en tono petulante mirando la panorámica azul oscuro y polvorienta entreabierta de la cocina, exhala el humo del cigarrillo lentamente formando un par de cataratas de la nariz a la boca.

Guillermo era tres años menor que Rosa, hacía cuatro años que ambos se habían divorciado. Él, tenía porte de ser todo un caballero, siempre olía rico, podía cumplir las exigencias de cualquier mujer, era todo un escapista y profesional de la mentira, tenía las cejas gruesas, se cuidaba de las imperfecciones en la barba. Era el mejor reparando los sueños rotos de las mujeres jóvenes y bonitas, si son de 22 mejor; Guillermo es abyecto, ambivalente e inseguro, siempre conversa con Dios, le pide perdón por sus contriciones. Tiene el vicio de dormir en las costillas del cuerpo que lo acompañe por la noche, ronca y colecciona la juventud de la que pasa más de dos días seguidos en su colchón.  Nunca supo cómo manejar la madurez y se enamoró solo una vez a los 30.

Vine por lo de siempre, la seguridad maternal que me das no logro encontrarla en ninguna mujer, el Alpram ya no me hace efecto y me dan ataques de pánico cuando manejo; responde el insolente de Guillermo, luego de intentar besar a Rosa un par de veces. Rosa, dispuesta como siempre deja caer la bata de baño, se aferra a la boca del infiel como una sanguijuela, luego a su sexo, y después de 8 minutos de misionero, ella responde: tranquilo, mi cuerpo, mi cama y mi dulce de mango siempre te estarán esperando, seré yo quien termine pegando los dientes a tu encía, seré yo quien te vele, seré yo quien te entierre, seré yo quien herede; Jasmine te está esperando abajo en la camioneta, no lo olvides, al salir, cierra la puerta.

Las lecturas de James Joyce, Virginia Woolf, hasta las del mismo Marcel Proust han sido la fortaleza de Rosa en cada uno de estos encuentros, las visitas de Guillermo siempre son por la misma razón: el sentimiento de culpa que tiene desde la separación y el remordimiento que lo intranquiliza. Cada martes, visita su antiguo apartamento en busca de lo que no encuentra en ningún cuerpo, en ninguna edad, en ningún viaje, en ninguna calle.  El papel del divorcio está pegado en la nevera con una pequeña Torre Eiffel, un recuerdo de la luna de miel, cada vez que la ex pareja consuma el acto desvirtuado que les causa tanta resaca moral y sed, al abrir la nevera digieren la realidad con un buen trago de agua fría, te o depende si es fin de semana, cerveza.