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Fémina incorrecta como el tributo de Madonna para Aretha Franklin.

Esto debería ser el final de mi historia entre Renato y Maritza, pero respeto mucho a mis personajes como para ceder ante todas las presiones que implica el cierre de un ciclo, de una relación, en este caso de un cuento, no imaginé la cantidad de monstruos que alimentaríamos y que acogeríamos en el seno de nuestro blog,  Inicie este capricho con Isabel Matheus hace un año, ella estaba en Venezuela, Trujillo, siendo profesora,  yo en Santiago, en un cubículo de dos por dos haciendo de secretaria,  luchamos con la distancia, la burocracia y todo el escabroso drama país hasta que nos convertimos en dos mujeres reencontradas, para entonces Isa ya no era profesora y yo tampoco era secretaria, cuando una mujer emigra puede ser cualquier cosa; abogada, lava platos, descorazonada, periodista, anfitriona, madre, amante, garzona, productora, puta, peluquera, idiota. Desde que salí de Venezuela he sido cualquier mujer de esas,  muchos me preguntan si extraño mi país, sin dudas respondo no, no lo extraño en absoluto, lo que sí extraño es a ciertas personas, la ternura de mis nonos, el histrionismo de un amigo, pero no extraño el desorden, ni la suciedad de las calles, ni la indolencia de las instituciones, o la indiferencia  de los viejos amigos partidistas del caos que resultan ya no serlo, los escucho aullar, con el mismo resentimiento partidista que los caracteriza pero esta vez dirigido a todos los que salimos emigrando del país, por qué no respondemos sus mensajes, por qué no acudimos al llamado, la respuesta es simple, no respondemos porque no nos da la gana, ya no estamos sometidos a la lástima, espero que eso sea suficiente para aclarar vuestras dudas. Volviendo al  tema que nos acomoda, este blog es mi bebé, el único bebé que por ahora quiero tener, no me imagino  con una criatura pegada al pecho, trasnochada, completamente infeliz, escribiendo del 2018, manejando mis tiempos según la hora de su leche mientras le respondo por instagram y  whatsapp  a 40 mujeres deseosas por hacerse la manicure, es que estoy en la etapa migratoria de la peluquería. Yo  me pregunto, ¿será que tengo cara de maquina reproductiva marca opus dei? ¿Será que los 30 son la maldición  de la maternidad obligatoria? Solo le pido a Dios y los astros del universo que no me permitan ceder, tengo cosas que terminar, tengo que visitar a Lucas en Lintz, tomarme la bendita foto en el Time Square de New York, abrir una tienda de artículos femeninos luminosos, ni siquiera tengo un perro porque me niego a invertir tiempo en otra vida, por lo que sigo sin entender la fe que me tienen con eso de tener mi bendición, ese bebe te  va salvar de una vejez reumatoidea y llena de pupú, que alguien me explique qué clase de padres dicen eso.  En enero o febrero de 2018 mi querido Roberto y yo realizamos un itinerario en excel que nos permitió en el mismo cine, orinar, comer y ver desde las 10 am hasta las 11pm todas las películas nominadas a los Premios Oscar, casi nos infartamos en las horas más oscuras, luego sentimos mucha tristeza con The Shape of Water, además de todo el respeto sagrado y costumbrista de esa temporada a la Sra Meryl Streep,  este debió ser mi presagio de que  sería un año  titánico, aunque lamentablemente perdí a Roberto, se soltó de mí porque según él yo soy como una especie de Cersei Lanister caribeña, lo único que puedo alegar a mi favor es que todos los que tenemos exceso de roles en la  vida por supuesto que también somos villanos, no todo el tiempo puedo ser esplendida, la candidez se agota. El 30 de diciembre, un día sin candidez, me toco ir a una cena social obligatoria, estaba destinada a reírme sin ganas, afirmar ante cualquier comentario y adular la comida aunque me daba lo mismo, sin embargo, me tope con un hombre de 86 años, lúcido, enterito, me preguntó cuánto tiempo llevo en pareja, mi respuesta también le daba lo mismo, lo que él deseaba era contarme que su esposa murió hace tres años, que todos los días la extrañaba, que solía sentirse muy solo porque fueron 56 años de matrimonio, yo sentí gozo interno, tal vez pensarán que soy malvada por sentir gozo ante la nostalgia de un anciano pero sepan que normalmente los hombres viudos con muchos años de matrimonio se mueren en un lapso no menor de dos años luego de enterrar a su señora, él era un sobreviviente, él no lo sabía pero yo sí y solo por eso mi cena valió la pena.

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TRES AMORES DE LA CUADRA

HUGO

Isabel trabaja a lado del teatro Mori, cada tarde antes de entrar a la labor, repasa la cartelera de las funciones de la semana, aunque se sabe las obras casi de memoria, Isabel tiene la esperanza que en el Mori hagan una función especial cualquier día jueves, día perfecto para ver una obra y ver a Hugo.

Hugo es blanco y no muy alto, siempre tiene un moño pero se nota que no se peina, su seriedad dificulta a Isabel la amabilidad, puesto que aunque ella trate de sonreírle  con cortesía y saludarlo siempre Hugo no da signos de gentileza por ningún lado, mientras, Isabel se derrite por el físico de él, lo observa frecuentemente, detalla cada línea de su rostro y le suma unos 38, Hugo tiene menos que eso pero a Isabel le gusta esa edad en los hombres, diez más de lo que tiene ella.

Una tarde calurosa de primavera, Isabel decide quitarle la atención a la personalidad hosca de Hugo, se siente cansada de desgastar miradas no correspondidas y saludos tan amargos como el Casillero del Diablo. Hugo, caminando parecía feliz, la chispa de sus ojos brillaba y no era por el sol que le reflejaba la mirada, su frente goteaba, camina y topa de frente a Isabel, la mira, con un carisma que ni él mismo se cree, la saluda ¡Hola! Sonríe y se le ven los dientes sucios como si hubiera terminado de comer galletas de soda con pasta de aceitunas; pasa de largo, el sonido de sus pasos apurados sonaban como si tuviera botas de hebilla; Isabel, responde al saludo con bombos y platillos en su cabeza ¡Hola! -por fin la había saludado, sonríe a todo lo que da la boca, la dentadura de Isabel es perfecta; cuando Isabel voltea todavía con la sonrisa puesta, ve a Hugo besando a su novio, tomándolo por la cintura con potestad e inclinándose un poco sobre él, Isabel se convierte en una cascada termina mojando los pies de ambos como un tsunami que arrasa con todo incluso el amor que se da en tiempo y espacio perdido.

SAULO

Como cada miércoles, de 9 a 11pm, la plaza Camilo Mori la adornan con banderines de colores y forró, Unas 50 personas se reúnen  para darle vida y color a esta pequeña plaza del Bella. Saulo es el más alto de todos en la olla, sus pies siguen apasionadamente los pies de la pareja de baile que le toque, sea hombre o mujer, el baile no tiene sexo y menos cuando se trata de Xique Xique con Tom zé. Hoy, le tocó bailar con Isabel, metro y medio amarrado a la cintura de Saulo, pero la altura tampoco es un problema cuando lo que se quiere es bailar forró; Saulo dobla un poco su columna pero es tan elegante al bailar que no se nota la incomodidad,  fundidos en un mismo color de piel, no se distinguen a la media luz de la plaza, con las miradas de los espectadores como velas; los ojos de Saulo son chispeantes, es como si arrojara notas musicales cada vez que fija su mirada en algo, en los ojos de Isabel por ejemplo, sus manos aprietan con delicadeza la cintura de la mujer, y las manos de ella hacen un collar rodeando el cuello de él.  Un giro a la derecha seguido de varios a la izquierda, ella en puntillas busca darle algo de comodidad a su amante del baile, así lo llama en sus pensamientos, él siempre con una sonrisa amable y bien puesta disfruta lo que hace, una vuelta, otra vuelta como pasando por el puente imaginario de los brazos, sus caderas van al unísono de la música como si estuviera en la verbena del solsticio de verano en Brasil.

Isabel y Saulo son amigos, se complementan en la pista, son cómplices de algún secreto bien guardado que al bailar es como si lo descifraran a cada paso seguido detrás del otro y en metáforas susurraran las palabras, se encadenan a cada uno de sus cuerpos con compromiso musical, el ritmo de cada canción describe a este chico de cabello negro y rizado de sonrisa punzo penetrante, a las letras ella le pone sabor, amor.

Cada miércoles de 9 a 11pm, en la plaza de Camilo Mori, dos almas se encuentran, dos corazones se exaltan, dos cuerpos se funden al unisonó del triangulo, la zacumba y el acordeón. Isabel y Saulo son amigos, amigos íntimos del forró, con un secreto en sus pasos, unidos por una pasión.

MIGUEL

Miguel siempre llega puntual a su trabajo, las mesas y los toldos del Omertá lo esperan. Con pantalón negro y una camisa de cuadros marrones Miguel destaca su tierna sonrisa sobre los amantes de la pizza y el aperol. Miguel ronda los 26, tiene un perfil delineado desde la comisura de los labios hasta el terminar de sus cejas castañas, usa el cabello hacia el lado izquierdo pero el contacto que hace con todos es por su lado derecho, por esa parte tiene sus dientes completos.

A Isabel le gusta Miguel y su olor a jabón de avena y miel, su mundo se detiene cada vez que lo ve. Ella sabe que solo es un amor de verano, él sabe que caerá en el deseo que esconden sus manos, los amores de verano son calurosos y breves.

Isabel es garzona en el restaurante del frente, usa el cabello recogido los días lunes y jueves, los días libres de Miguel; el resto de los días ambos se encuentran a la salida, buscan una esquina se fuman un caño, se van con una alegría y un gusto por el otro desbordado, triplicado.

Era jueves, suena Don´t look back in anger cuando Miguel entra al restaurante donde trabaja Isabel, ella atendiendo a unos polacos de una mesa, alza su mirada y su corazón se exalta por la inesperada visita; Miguel se acerca rápidamente con pasos decididos, una sonrisa a medias en la que se le ven los dientes, inclina un poco la cabeza y se pasa la mano por el cabello, alza sus gruesas cejas; Isabel, siente que su corazón va más rápido, el ingles medio con el que se dirigía a los clientes se vuelve básico, sus pupilas parecen pelotas de ping pong mirando a los clientes y viendo cómo Miguel se acerca a ella desenfrenadamente, puede oler el aroma de él cada vez más cerca.  Él, como si conociera cada curva del cuerpo de Isabel la mira de arriba abajo, fija su mirada en la mirada de ella la toma con una mano en la cintura y otra por un lado del cuello, la besa apasionadamente delante de todos, el intercambio de sus lenguas a leguas no hacían ningún sonido, los clientes hacen sonar sus copas y gritan  Niech żyje miłość.

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PARTE IV

Fantasear.

Me saco la mano derecha del bolsillo, verifico mi dedo anular, lo presiono con mi dedo pulgar, fantaseo con el anillo, que seguro será de oro blanco, muy detestable porque parecerá plata y no se verá ostentoso como yo quisiera, muy apreciado porque será oro pero nadie me lo envidiara pensando que llevo acero quirúrgico. Me miro el dedo anular otra vez pero sigo sin ver el anillo, camino hasta el tren y  una mujer enfadada me hace muecas, no escucho sus gritos porque la locomotora silba aun más fuerte, fantaseo con empujarla a los rieles, me bajo en mi estación, pero en vez de ir directo a la tutoría me recuesto en una banca para despedirme trágicamente de las hojas de plátano oriental que flotan hasta los parabrisas.

Justo así, inició algún párrafo en uno de los cuadernos polvorientos que Maritza le hace leer a Renato, en los desayunos el debe escoger al azar entre cualquier cuaderno donde ella desde siempre escribió frases a desorden, pensamientos consentidos, monólogos y llorantinas.

Renato culmina el párrafo, Maritza sorbe su té de nuez vómica y le pregunta:

     −  ¿Trajiste al muchacho?

     −  Si, esta adormecido en mi habitación.

     − Esta noche conversare con él en la cabina, tú vendrás pero no hablaras, no          comportaras ningún gesto − Renato asintió.

Luego del café matinal Renato debe asistir ante su agente de libertad condicional, hace todo rápidamente a fin de tener 30 minutos para poder leer en su estimada plaza, una plaza sin estatuas, sin caballos, sin mártires de  la patria, sin palomas, pero con álamos de casi tres metros de alto y una pileta que lo acompaña en la continuación del capítulo 7 de su novela del mes, se siente feliz de poder robarle ese tiempo a la vieja Maritza, con los dedos nerviosos busco la página, pero lamentablemente ninguna plaza se libra de todo mal, en la segunda hoja del capítulo 7 un hombre enajenado comenzó a dar gritos inaguantables, el intolerable cristiano enviaba a todos al infierno por no seguir la palabra de su señor, entonces Renato se puso de pie, en cuatro trancos ya frente al creyente lo toma por  la manga de la chaqueta y lo apuñala en el cuello tres veces, con la primera puñalada le rebana un costado de la manzana de adán, las dos posteriores son clínicamente pulcras en el lado izquierdo del cuello, con la cara chapoteada en sangre aprieta los dientes y le dice muy piadoso: − Este… es un boleto al edén, cortesía de tu señor que se empuña a través de mi para que nos dejes leer, jugar a la cuerda y pasear a los perros para que se huelan el culo en santa paz − Eso fantaseó Renato mientras cerraba el libro y se marchaba a su destino con el ánimo desazonado.

Ya en la casa, se reunió con la anciana en la entrada de una cabina polvorienta que reposaba en el patio, la mujer le ordeno limpiarla y aspirarla, al terminar ambos se encerraron en la cabina, encendieron un marlboro rojo, ella confesó que en otras edades amo a un hombre proveniente de la India a quien mantuvo como niño y amamantó como hombre, ella le escondía los brebajes que calmaban su esquizofrenia porque la estimulaba verlo delirante, vulnerable y cumpliendo cerrilmente todas sus fantasías, esto, hasta que por esas escondidillas medicinales el pobre Ravi en un ataque incontable de dolor llego a fantasear que sus alucinógenas hijas  “las mica” lo abandonaron, ofuscado en su afán de perseguirlas el indio se desapareció. Iniciaron grupos de búsqueda, rezaron rosarios completos, consultaron a los médium, constataron los registros migratorios y nunca se supo del paradero de Ravi, no se le salieron las lagrimas a Maritza mientras relataba la historia pero el temblor de sus consonantes aumentaba en concordancia con la flema, por lo que Renato preguntó:

    − ¿El anillo de oro que querías, lo esperabas de Ravi?

Y afortunadamente la vieja se echo a reír, disipando de la cabina los asomos de tristeza.

   − No muchacho jajá, era una época muy difícil para que las mujeres estudiáramos, yo por fin obtendría mi licenciatura y ese anillo en comparación con el anillo que tú crees era el reflejo de mi autotitulo de propiedad, fantaseé con pasearlo frente a mis hermanas aprehendidas  en matrimonio y fue mi Nonito quien me lo regalo después de haber cargado costales de harinas por 28 días continuos, pero no nos desviemos con historias más pasadas que yo, mejor tráeme al jovencito.

Entró en la cabina algo aturdido, movía los labios pero no emitía sonidos, miraba de reojo el revestimiento de la cabina, Renato lo sentó en el banco junto a Maritza, ella le pasó un pito de marihuana para fantasear juntos, lo miro en silencio esperando que el chico la arrollara con alguna reacción.

    −  ¿Cómo te llamas? No hubo respuesta.

    − ¿Tienes sed? No hubo respuesta.

   − ¿Quieres jugar? El chico tiraba su camisa exasperado, repetitivo, mirando el techo terciopelado de la cabina y contestó:

   − Debo terminar con el dolor, pero el dolor solo se acaba con dolor, no existen caminos de tréboles que transen con mi tristeza, no hay consuelo al final del puente, por eso a los perseguidos los cuelgan allí, no se pacta con el limbo del cansancio.

   − Yo te puedo ayudar con tu dolor, dime que es lo que ves, dime que es lo que te dicen, yo no te voy a juzgar, me lo puedes susurrar o me lo puedes dibujar en las costillas, le contestó Maritza con ojos de madre, mientras le sobaba la coronilla.

El muchacho siguió jalándose la camisa mientras movía la nuca de izquierda a derecha, respondiendo:   − Ellos preguntan si tú puedes esconder la olanzapina.

  − Si mi amor diles que la voy a esconder, diles que no se preocupen, que no tendrán que marcharse nuevamente, siempre que cumplas con mi condición de dejarte inyectar, todo esto con voz de ancianita dulce que cuida niños en un jardín.

El muchacho comenzó a llorar porque es obvio que más que una condición es una sentencia, el chico tenia a Renato en su espalda dispuesto a cumplir con el requerimiento de su jefa, la mujer saco de su bolsillo dos agujas rosa de aluminio y sin mucha oposición por parte del paciente le inyecto la primera dosis, el efecto fue casi inmediato, el chico dejo de moquear, pero como debían esperar a la segunda dosis Renato lo encadeno en el banquito de la cabina, Maritza muy solidaria se quedo junto a él sorbiendo su cuarta taza de té con nuez vómica.

 − ¿Cómo te llamas? Fantaseo que me llamo Arturo, respondió.

Maritza preguntó: − ¿Tienes sed? Me gustaría tomar de su té, respondió nuevamente.

Maritza condujo la taza hasta la nariz del fantástico Arturo y le indicó:   − Mejor lo hueles y fantaseas que lo sorbes.

Maritza pregunto  nuevamente: − ¿Quieres jugar? Sí, quiero que juguemos ¿De qué va tu juego? Preguntó el chico.

 Se llama el cabisionario, en esta cabina yo te hago preguntas y tú puedes confesar lo que responden tus voces, sin dolor ni olanzapina, el fantástico Arturo asintió.

  −¿Fantaseas con morir?

  − Oye que pregunta tan simple no tienes que encadenarme al cabisionario para saber que la respuesta es sí, favor escarba fantasías menos ridículas y domesticas para nosotros, refiriéndose el fantástico Arturo a sí mismo y a sus voces.

  − ¿Qué pasa cuando estas bajo el efecto de la olanzapina?

  − Es muy doloroso porque me quedo solo, nadie me habla, nadie me dice como desollar a los pájaros que atrapo en las ventanas del psiquiátrico, quedo abandonado y orinado a la merced de la luz blanca y me duele mucho el cuello, fantaseo que camino por el antiguo puente de ferrocarriles, el puente Malleco, mirando con casi dicha las sogas que cuelgan de allí, tomo una con paciencia hasta poder alcanzar la punta porque es muy larga, le doy vueltitas, posteriormente hago un nudo firme, admiro las copas de los árboles, el bosque va estar tendido a mis pies.

Las lagrimas le nublan la vista Maritza teniendo que pedir a Renato que introduzca la segunda dosis en el fantástico Arturo, la vieja carraspeó y respiró por intervalos de  doce segundos, con la voz chillona le da su palabra al chico:

  − Te prometo que con estas dosis ya mas nunca estarás solo, las voces siempre van estar contigo sin importar la olanzapina.

Maritza ordenó a Renato  llevarla hasta la habitación y antes de tocar la cama le dijo:

 − Tal vez Ravi se lanzo a las copa de los árboles y yo nuca lo busque allí.

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PARTE III

Die Taverne.

Maritza llegó al mundo en pleno estrecho que limita la duna con la planicie del desierto, su madre la expulsó a cuatro patas, mientras la arena le perforaba las rodillas y le enmugrecía la cara; primero salieron las piernitas que chorreaban  mucosa y liquido amniótico seguido de los bracitos  supurados de sangre, luego la bebe se estancó en el cuello, justo en ese momento se acercaban a la delirante madre los perros raquíticos, flacuchos pero sobretodo hambrientos, llamados por ese delicioso olor que goteaba de su máxima dilatación, sin embargo, los gritos enfangados hicieron que los canes no se acercaran lo suficiente, en el desespero que causa tener una cabeza atravesada en la entrepierna, la mujer presionaba el suelo sin sentir cómo se le partían las uñas y le sangraban los dedos, ella solo quería desembarazarse o se iba tener que arrancar a la criatura por partes; en ese último grito desatascador  salió la cabeza de la bebé y en un mismo acorde las dos lograron inhalar, respiraron polvo y asfixia pero respiraron. La mujer tomó a su descendencia la introdujo en la mochila que puso a medio abrir,  dejó suficiente entraña regada para los perros y caminó alejándose del lugar del alumbramiento, a cada paso que daba escuchaba cómo los perros sorbian su sangre asopada, cómo masticaban el chicloso cordón umbilical  de su bebé, a cada paso que daba tenía la esperanza de encontrar la vía a la ciudad.

A pesar del calor del verano, Renato se fue con zapatillas y calcetines a su primer día de trabajo, la fachada de la casona lucía tan longeva como la anciana, no habían timbres sino una campanilla que jaló dos veces para anunciar su llegada,  tres minutos más tarde estaba la mujer en la puerta con el cabello suelto increíblemente lacio para los rasgos que tenía, la siguió hasta lo que sería su habitación cuyo uso sería estrictamente para vestirse, masturbarse, leer o llorar; tenía una puerta que conectaba con la habitación de descanso y que ambos compartirían, le indicó su lado de la cama, por supuesto, el más  cercano de la puerta, Maritza siempre durmió junto a la puerta, ya que pensó durante años que podría llegar su compañero de turno y sorprenderla en plenos actos extra amatorios, era mejor estar cerca de la puerta en caso de tener que huir desnuda o semi desnuda,  o si le daban ganas de hacer pipí estaba más cerca del baño, o si entraba un asesino serial le dispararían primero a ella y así no tendría que ver morir a su acompañante, una vez instalado ordenó a Renato vestirse de gala.

Parecía que un manicomio estaba de aniversario, todo estaba alfombrado, incluso las paredes, la mujer pidió al mesero una botella de Jägermeister y un cenicero, en el escenario había un tributo en alemán para Rosita Serrano.

Maritza habló muy despacio –Renato… necesitaremos dos agujas rosa de aluminio calibre 21, hojas de nuez vómica y… un esquizofrénico, no mayor de 17 años, de preferencia abandonado por alguna familia pobre y periférica.

Renato sin síntomas de retracción enrolaba los cigarrillos de su jefa mientras escuchaba cuecas en alemán y preguntó:

− ¿El esquizofrénico nos lo quedaremos o lo vamos a devolver? Necesito saber si lo saco arrendado o secuestrado.

− Arriéndalo – contestó Maritza − que te lo entreguen limpio, con dos mudas de ropa y  cuatro días sin medicación.

A mitad de la noche, las mesas del bingo se iban llenando, todos los ancianos presentes iban con un acompañante bien fuese hombre o mujer, los únicos con traje de gala y en buena forma, mientras todos acomodaban los cartones iba pasando entre los ancianos un jovencito amanerado con una bandeja en la que relucían como pasapalos pitos de marihuana y rayitas de cocaína, el joven vitoreaba como buhonero “Dos raciones por una y puede pagar con la cuenta”. Maritza sin mirar siquiera como le rebotaban los ojos a Renato le hizo una seña al joven para que se acercara, tomando una ración para antes de la partida.

− Tengo mucha edad acumulada, fumar un poquito de marihuana no me va sacar más  arrugas ni me va empeorar la artritis, sírveme otro jäger – Ordenó.

El presentador, quien es el mismo joven que ofrecía la bandeja, ahora aclamaba las reglas del bingo, recordando que quien llenase una línea protegía por una partida a su acompañante, quien completase una cruz tendría derecho a un acompañante extra siempre que estuviese en su misma mesa y quien se llevara el fabuloso bingo podría escoger a cualquier acompañante de los presentes que usaría solo para gozos diurnos.

Renato muy sorprendido por ser mercancía de apuesta geriátrica comenzó a detallar a las ancianas con acompañantes perfiladas en rosarios sacros relucientes y los ancianos que compartían gusto por las andaderas con músculos, todos los acompañantes  en su mayoría muy jóvenes. Afortunadamente, Maritza llenó la primera línea del cartón y Renato se libró de cumplir caprichos ajenos. El cartón lleno lo gano el desdeñoso de Don Klaus que escogió a la única acompañante negra de la sala.

Camino a casa, Renato no pudo evitar sentir pena por la negra y curioseó:

− ¿Qué son gozos diurnos?

La nariz de Maritza se expandió por la risa – Tranquilo niño, todos saben que la negrita es famosa por aliviar la hinchazón de tobillos, besar la calvicie de los viejos y leer en voz alta novelas de Vargas Llosa.

 

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ALIENACIÓN

Necesito reconciliarme con el lado izquierdo de mi cuerpo, dónde estás, no te he vuelto a ver, por qué te escondes de mí, acaso no me necesitas, acaso no te hace falta mirar con tu ojo derecho; mi memoria aun sigue fresca, eso que dicen que estoy paranoica es mentira y vaya que ambos sabemos muy bien de paranoias, la ganya nunca nos hizo quedar mal siempre bien parados, contentos y con el estómago lleno. Mi mente es un techo que no deja de sonar, la lluvia de los recuerdos me traen de vuelta a ti cada vez que no quiero y eso es lo único que no puedo controlar. ¡Aparece coño! el suelo siempre se hunde cuando paso por el frente de tu trabajo, pero cuando toco el fondo me hace cosquillas no creas que me estoy riendo contigo, me rio de ti de la manera como buscas volver a la eterna la juventud a través de las niñas, pobres niñas.

De niñas infelices está lleno el mundo, siempre lo he dicho.

Estoy un poco ansiosa porque ya no tardas en llegar, el murcio siempre te trae a tiempo pero no importa el mundo gira despacio y alguien tiene que ir más rápido que él. Mi estado de ánimo está expansivo, debo aprovecharlo, necesito maquillar el lado izquierdo de mi cara, debe estar pálido, no quiero que te des cuenta de que mi ojo se volvió gris; mis pensamientos ya no vuelan, cada pastilla anaranjada que me suministran me ancla al colchón de esta cama y no quiero,  no puedo movilizarme al menos que me salga de mi cuerpo, eso me hace gorda , eso no te hace feliz, lo he notado siempre que colocas Pas si simple, es la señal de que tu molestia se ha consumado y estoy aterrada de hacerte pasar por eso otra vez, es la razón del por qué llegas tarde y no lo soporto; no me dejes, por favor no me dejes; necesito que te apresures, la lucidez casi llega a la puerta.

Devuélveme el lado izquierdo de mi cuerpo, ese que mirabas mientras manejabas.

Estoy insatisfecha te entregué demasiados años hermosos de mi vida, toda mi veintena y ni siquiera salí a putear por las calles de Valera, qué egoísta eres, nunca te lo voy a perdonar. Sí, ya sé que soy culpable, pero no fui yo quien se obsesionó fuiste tú por querer matarte y nadie me creyó ¿por qué no llegas, acaso una de las niñas te ha vomitado el carro, tienes resaca? todos los jueves por la mañana los excesos te pasan factura, quién te manda a beber alpram con cerveza, eso da dolor de cabeza, siempre te lo he dicho. Tengo pánico a la medicación, no consigo estar contigo; pero dónde estás, ya te busqué en mi memoria y allí te encuentras, fatuo y amable como siempre, la desesperación me saluda y se frota las manos, qué grosera es, apúrate me puse la media que te gusta  en mi pie derecho, blanca con lunares rosados, la que me trajiste de México ¿recuerdas?

Tu foto en la casa de Frida la tengo pegada en mi pared, la miro todos los días.

Estoy decidida a olvidarte este año, porque estoy cansada de la rabia implacable que me agobia cada vez que no llegas a tiempo, no me gusta el lado derecho de mi cuerpo, mi mano está fría por no tocarte, además no me gusta usar guantes, siempre tengo que usar lentes para tapar la calvicie que me dejaste del lado izquierdo, mi cara es larga y ningún modelo me queda bien además sin mi ojo izquierdo no veo, la miopía la tengo en el derecho; no podré sustituirte pero tampoco podrás verme de nuevo. Por qué me has dejado, acaso mi cerebro no es rosado, por qué me has dejado, acaso te gustaba el papel del esposo loco infiel; por qué me has dejado, no te gustaban las estrías de mi barriga; por qué no llegas, después dicen que estoy paranoica. No te cansas de las mentiras que dices, o de la triple vida que llevas, deja a esa niña tranquila, le estás rompiendo el corazón y es demasiado el polvo que dejas en la cocina, gracias a Dios que yo soy la primera de esas historias, a mí no me fuiste infiel, conmigo no te hacías el loco.

Acaso Dios existe, que yo sepa las historias de amor son de dos pero te empeñas en que las tuyas sean de tres.

La veleidad te ha dañado la mente y el cuerpo, ya no caminas igual, cada vez que le robas a virginidad a una de diecinueve cojeas más, quedarás más pequeño que el metro y medio que llevo en mi bolsillo. Pero hasta cuándo me harás esperar, no te cansas de plantar al psicólogo, la frivolidad te tiene enfermo ¡basta! estoy cansada de llorar me duele mi ojo derecho, ¿no sientes nada por mí, ya no te gustan mis besos de sapo? Cuántas nenas has tenido en el repertorio, ni te imaginas cuántos de mi lista han intentado ser como tú, empezando por el terapista, siempre mastica el chiclet con los dientes del frente con la boca abierta así como lo haces tú.

Tráeme una torta de chocolate, tenemos que celebrar.

Estoy ensayando cómo abrazarte cuando te vea, deja de verme a través del espejo que no es así como quedamos, por dónde vienes, solo debías doblar a la izquierda después del metro, ¿ya no me quieres, me has olvidado? Black de Pearl Jam me traerá de vuelta a tu mente, ese es el soundtrack de nuestra historia  o eso dices, gracias por dedicármela siempre sueño con ella. Yo no sé si te amo, es que ahogué todo mi amor en el fondo del mar, es por eso que te encanta ir a una playa para buscarlo, pero…llegó el doctor, dónde vienes, la media ya está sucia, me da pena.

Bendito sea el desamor que te liberó de mí.

Amor mío, amor mío por qué no has llegado acaso te estrellaste en el camino, lo leí en el periódico pero no recuerdo qué día, se me olvidan las cosas Morello, hasta cuándo te lo tengo que decir, a los 33 años uno no bebe pastillas para la memoria, eso es a los 63 y le llaman demencia senil ¡ouch! las agujas me duelen demasiado, doctor no hay un medicamento para que no me duela tanto el corazón, Morello no llegó, me embarcó, no es su culpa, no es tu culpa, no es mi culpa…es que su abandono me ha dañado, ya no puedo ser la misma, además se ha llevado el lado izquierdo de mi cuerpo, la parte que a él más le gusta donde está el corazón, es un egoísta; ya me estoy sintiendo mejor.

Doctor por favor no me induzca a la conciencia que me duele.

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PARTE I

La Salida

Cuando Renato logró salir de prisión, lo hizo con libertad condicional, tenía un doloroso grillete en el tobillo derecho con luces verdes que parpadeaban, a diferencia de las películas gringas, a él le permitían moverse por toda la región metropolitana. Ese día ya no olería mas el orine de las celdas, ya no tendría que  seguir limpiando baños y tampoco practicarle sexo oral a su cuidador nocturno, siendo esta una habilidad que desarrolló como el mejor tópico de supervivencia, cada inclinación  era realizada como una instrucción militarizada; cerrar los ojos,  producir saliva y succionar, repetir la operación hasta atorarse con los resultados,  es una receta a prueba de estoicos.

Al salir, llovía violentamente y hacia un calor desesperado, no pudo tomar un bus, no tenía dinero ni nada de valor, el único bien que le regresaron fue un discman sin audífonos que lo acompañó en silencio las dos horas de camino a pie. Cuando llegó a su casa, todo seguía inmovilizado como si él jamás hubiese partido, su madre hacía la misma cena, veía el noticiero a la misma hora, fumaba el mismo cigarrillo en la poceta y su hermano mayor seguía viviendo con ella, el rancho era chico, una sala con dos t.v de cien mil pulgadas, una mesa antiquísima, una cocina color oxido que funcionaba a bombona de gas y una habitación con dos camarotes  donde ahora dormirían los tres, notó Renato entonces que salió de una celda para entrar en otra, eso, más el orine de la  gata y las eyaculaciones de su hermano que permeaban las almohadas.

Después de dos meses buscando empleo, no encontró nada a causa de su condena, esa tarde se fue para una esquina hacer malabares, nadie le dio siquiera media moneda,  lo único icónico de la jornada fue una mujer ebria que le arrojó en medio de las terribles piruetas un ejemplar del diario El Cuántico, periódico de contenido amarillista y alcance  absolutamente excéntrico.  Desolado, abrió el diario para ver los augurios de la lotería, justo al lado de su número de la suerte había un anuncio en times new roman 7, que indicaba: “Se busca persona para cargo de complemento, puertas adentro por 1 mes ininterrumpido, interesados favor escribir al número de contacto”.

Al borde de la seducción que propiciaban las carteras que acompañaban los celulares relucientes entre los transeúntes y siendo la famosa libertad  muy costosa de llevar, Renato pensó que nadie en su sano juicio quería estar un mes aislado, sin embargo para él, un mes es una migaja de lo que fue su condena, sin nada que perder, escribió:

 −Hola mi nombre es Renato tengo 42, cumplo una condena en libertad condicional  y estoy interesado en el empleo.

 Respondiendo el supuesto empleador: −Perfecto, favor dirigirse al cine Nilo, retire entrada para la película de mañana en la sala 11 a las 12:40 p.m.

Renato algo sorprendido contestó: – ¿El cine Nilo? Creo que está confundido/a.

Sin embargo, la respuesta fue terminante: -Sí, el cine Nilo, si requiere el empleo debe llegar puntual.

Renato no pudo dormir profundamente no sabía que esperar, le sudaba la espalda, no se hallaba entre la angustia de su estomago y el desespero de una oportunidad que pagara un arriendo, era bien sabido que el cine Nilo era conocido por sus películas explicitas, grotescas, meramente pornográficas. Esa mañana se levantó estropeado a causa del trasnocho, lucía un aspecto desgastante que no logró desvanecer ni con la ducha, ni con la afeitada. Una vez estando en el cine, se dirigió a la taquilla de atención al cliente, le indicó a la mujer frente a la vitrina que debía retirar una entrada para la película de la sala 11, ella le entregó la entrada en la que subrayó fila G butaca G18. Renato empezó a temblar, las rodillas se le convirtieron en una comparsa parkinsoniana, la respiración se le acortó, esas sensaciones eran las mismas que sintió al entrar al juzgado el día que le sentenciaron a tantos años de prisión.

Entró a la sala, que ya estaba oscura, solo las luces del suelo hacían camino hacia su supuesto empleador, buscó con la mirada la fila G, pero entre su ceguera y el reflejo de la pantalla no consiguió distinguir a la única persona sentada en la sala, al iniciar la travesía para cruzar toda la fila casi se tropieza de nervios, cuando finalmente encontró la butaca G18 su asombro opacó la ansiedad y las rodillas se le volvieron a soldar, se sentó a lado de una anciana, una mujer negra, con las uñas amarillas, llevaba un gorro tejido, acompañándose de una cocacola extragrande y una bolsa de masmellows.

La mujer sin voltear a ver el rostro de Renato le informó: − Los masmellows son por mis dientes, si vas a probarlos cógelos de una vez porque no me gusta que me interrumpan la película, la entrevista iniciará al finalizar la función, asiente si entiendes lo que te digo y no preguntes ni respondas nada.

Renato asintió.

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PARTE II

La entrevista.

Hizo su mayor esfuerzo por prestar atención a la película, rodaba una porno heterosexual, sin embargo, la sala se fue colmando de espectadores hombres, todos desconocidos que jugaban a sentarse juntos mientras cruzaban sus brazos de una entrepierna a otra, se veía desde la butaca de Renato un mandala de brazos con puntos erectos rosados o negros. Pero a pesar de sus esfuerzos, no pudo concentrarse ya que durante una hora trato de detallar periféricamente a la anciana. Al terminar la película, la anciana volteó a verlo, lo increpó:

− Se que has asesinado antes, se que fue por una buena razón, si te quedas un mes conmigo al culminar el día 31 deberás asesinarme. Si lo haces de forma concluyente como en efecto creo que será, ya que eres perfectamente capaz, serás bien recompensado, si tienes preguntas, solo tienes diez minutos para formularlas, si no deseas quedarte debes partir antes de las 2:00 p.m, asiente si has entendido.

Renato asintió, recién salió en libertad condicional, cualquier incidente lo haría regresar a los brazos de su cuidador nocturno, esta vez las manos le empezaron a sudar, quien era esta anciana que entendía sus motivos homicidas, por un lado quiso salir corriendo del cine, puesto que se había prometido un inicio decente en la medida de su posibilidad,  por otro lado, la medida se achicaba porque nadie más le daría trabajo,  él le preguntó:

− ¿Puedo escoger el vestido que llevarás al momento de asesinarte? Así como también los zapatos y la canción que nos dará el ambiente?

 La anciana sonrió, y respondió:

 − Ya que existe interés de su parte en esta contratación, debo advertirle que si acepta deberá; dormir abrazado conmigo todas las noches, encontrar los dátiles para las meriendas del jueves, enrolarme los cigarrillos, masajearme los tendones, insultar a los conductores del transporte público, ver capítulos repetidos del juego de la oca, ensayar mi funeral y las demás que requiera por la naturaleza de sus servicios. Por otro lado, tendría prohibido; usar celular, usar internet, los permisos excepto para firmar ante su agente de libertad condicional por lo cual no deberá tardar más de una hora con treinta minutos, trasnocharse a menos que yo lo requiera, oler rancio, usar cholas o chalas. Respecto a su pregunta, podrá usted escoger los zapatos, la canción de ambiente pero no podremos acordar sobre el vestido. Asienta si entiende lo que le digo, le quedan cuatro minutos, si tiene alguna otra duda debe formularla ahora mismo.

Renato asintió, trataba de procesar todas las especificaciones de su posible contrato de trabajo pero ninguna le pareció excéntrica tomando en cuenta la ubicación escogida por su posible empleadora para la entrevista, no obstante, no le agrado la excepción sobre el vestido, pero pensó que podría mediar sobre otro propósito:

− Si no escojo el vestido, no puedo escoger la música y si no puedo escoger la música no puedo escoger los zapatos, la única salida ante esta discordancia es que yo escoja el lugar en donde daremos vida a su muerte, de esta forma podré escoger la canción perfecta, le aseguro que será un lugar que refleje las orillas de su personalidad, entendiendo por supuesto que este lugar depende vinculantemente del proceso y los instrumentos mortuorios que desee para llevar a cabo su deceso.

Esta vez la anciana no sonreía, se le achicaron los ojos y se le agradaron las dudas, debía pensar muy bien cada paso, una mala planificación, incluso una mala locación podrían estropear los planes, respiró hondo, como si respirando le robara algo de fuerza a sus articulaciones, entendía que lo único a favor de Renato es que nadie más la asistiría en su cometido, aunque también era lo suficientemente vieja y astuta para no hacérselo saber en ninguna instancia, por lo que respondió:

− Jovencito de eso me tendrá que convencer en los próximos días, además dejarse arrastrar por las orillas de mi personalidad no es algo que le aconsejo a un marino novato, ni se imagina usted la cantidad de caca que dejan los peces en una jaula de mar adentro. Ahora bien, su labores iniciarían el día sábado a las 19:00 hrs. Asienta si se da por entendido y satisfecho,  de lo contrario debe marcharse antes de las 2:00 p.m que inicia la segunda función.

Renato asintió.