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Fémina incorrecta como el tributo de Madonna para Aretha Franklin.

Esto debería ser el final de mi historia entre Renato y Maritza, pero respeto mucho a mis personajes como para ceder ante todas las presiones que implica el cierre de un ciclo, de una relación, en este caso de un cuento, no imaginé la cantidad de monstruos que alimentaríamos y que acogeríamos en el seno de nuestro blog,  Inicie este capricho con Isabel Matheus hace un año, ella estaba en Venezuela, Trujillo, siendo profesora,  yo en Santiago, en un cubículo de dos por dos haciendo de secretaria,  luchamos con la distancia, la burocracia y todo el escabroso drama país hasta que nos convertimos en dos mujeres reencontradas, para entonces Isa ya no era profesora y yo tampoco era secretaria, cuando una mujer emigra puede ser cualquier cosa; abogada, lava platos, descorazonada, periodista, anfitriona, madre, amante, garzona, productora, puta, peluquera, idiota. Desde que salí de Venezuela he sido cualquier mujer de esas,  muchos me preguntan si extraño mi país, sin dudas respondo no, no lo extraño en absoluto, lo que sí extraño es a ciertas personas, la ternura de mis nonos, el histrionismo de un amigo, pero no extraño el desorden, ni la suciedad de las calles, ni la indolencia de las instituciones, o la indiferencia  de los viejos amigos partidistas del caos que resultan ya no serlo, los escucho aullar, con el mismo resentimiento partidista que los caracteriza pero esta vez dirigido a todos los que salimos emigrando del país, por qué no respondemos sus mensajes, por qué no acudimos al llamado, la respuesta es simple, no respondemos porque no nos da la gana, ya no estamos sometidos a la lástima, espero que eso sea suficiente para aclarar vuestras dudas. Volviendo al  tema que nos acomoda, este blog es mi bebé, el único bebé que por ahora quiero tener, no me imagino  con una criatura pegada al pecho, trasnochada, completamente infeliz, escribiendo del 2018, manejando mis tiempos según la hora de su leche mientras le respondo por instagram y  whatsapp  a 40 mujeres deseosas por hacerse la manicure, es que estoy en la etapa migratoria de la peluquería. Yo  me pregunto, ¿será que tengo cara de maquina reproductiva marca opus dei? ¿Será que los 30 son la maldición  de la maternidad obligatoria? Solo le pido a Dios y los astros del universo que no me permitan ceder, tengo cosas que terminar, tengo que visitar a Lucas en Lintz, tomarme la bendita foto en el Time Square de New York, abrir una tienda de artículos femeninos luminosos, ni siquiera tengo un perro porque me niego a invertir tiempo en otra vida, por lo que sigo sin entender la fe que me tienen con eso de tener mi bendición, ese bebe te  va salvar de una vejez reumatoidea y llena de pupú, que alguien me explique qué clase de padres dicen eso.  En enero o febrero de 2018 mi querido Roberto y yo realizamos un itinerario en excel que nos permitió en el mismo cine, orinar, comer y ver desde las 10 am hasta las 11pm todas las películas nominadas a los Premios Oscar, casi nos infartamos en las horas más oscuras, luego sentimos mucha tristeza con The Shape of Water, además de todo el respeto sagrado y costumbrista de esa temporada a la Sra Meryl Streep,  este debió ser mi presagio de que  sería un año  titánico, aunque lamentablemente perdí a Roberto, se soltó de mí porque según él yo soy como una especie de Cersei Lanister caribeña, lo único que puedo alegar a mi favor es que todos los que tenemos exceso de roles en la  vida por supuesto que también somos villanos, no todo el tiempo puedo ser esplendida, la candidez se agota. El 30 de diciembre, un día sin candidez, me toco ir a una cena social obligatoria, estaba destinada a reírme sin ganas, afirmar ante cualquier comentario y adular la comida aunque me daba lo mismo, sin embargo, me tope con un hombre de 86 años, lúcido, enterito, me preguntó cuánto tiempo llevo en pareja, mi respuesta también le daba lo mismo, lo que él deseaba era contarme que su esposa murió hace tres años, que todos los días la extrañaba, que solía sentirse muy solo porque fueron 56 años de matrimonio, yo sentí gozo interno, tal vez pensarán que soy malvada por sentir gozo ante la nostalgia de un anciano pero sepan que normalmente los hombres viudos con muchos años de matrimonio se mueren en un lapso no menor de dos años luego de enterrar a su señora, él era un sobreviviente, él no lo sabía pero yo sí y solo por eso mi cena valió la pena.

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TRES AMORES DE LA CUADRA

HUGO

Isabel trabaja a lado del teatro Mori, cada tarde antes de entrar a la labor, repasa la cartelera de las funciones de la semana, aunque se sabe las obras casi de memoria, Isabel tiene la esperanza que en el Mori hagan una función especial cualquier día jueves, día perfecto para ver una obra y ver a Hugo.

Hugo es blanco y no muy alto, siempre tiene un moño pero se nota que no se peina, su seriedad dificulta a Isabel la amabilidad, puesto que aunque ella trate de sonreírle  con cortesía y saludarlo siempre Hugo no da signos de gentileza por ningún lado, mientras, Isabel se derrite por el físico de él, lo observa frecuentemente, detalla cada línea de su rostro y le suma unos 38, Hugo tiene menos que eso pero a Isabel le gusta esa edad en los hombres, diez más de lo que tiene ella.

Una tarde calurosa de primavera, Isabel decide quitarle la atención a la personalidad hosca de Hugo, se siente cansada de desgastar miradas no correspondidas y saludos tan amargos como el Casillero del Diablo. Hugo, caminando parecía feliz, la chispa de sus ojos brillaba y no era por el sol que le reflejaba la mirada, su frente goteaba, camina y topa de frente a Isabel, la mira, con un carisma que ni él mismo se cree, la saluda ¡Hola! Sonríe y se le ven los dientes sucios como si hubiera terminado de comer galletas de soda con pasta de aceitunas; pasa de largo, el sonido de sus pasos apurados sonaban como si tuviera botas de hebilla; Isabel, responde al saludo con bombos y platillos en su cabeza ¡Hola! -por fin la había saludado, sonríe a todo lo que da la boca, la dentadura de Isabel es perfecta; cuando Isabel voltea todavía con la sonrisa puesta, ve a Hugo besando a su novio, tomándolo por la cintura con potestad e inclinándose un poco sobre él, Isabel se convierte en una cascada termina mojando los pies de ambos como un tsunami que arrasa con todo incluso el amor que se da en tiempo y espacio perdido.

SAULO

Como cada miércoles, de 9 a 11pm, la plaza Camilo Mori la adornan con banderines de colores y forró, Unas 50 personas se reúnen  para darle vida y color a esta pequeña plaza del Bella. Saulo es el más alto de todos en la olla, sus pies siguen apasionadamente los pies de la pareja de baile que le toque, sea hombre o mujer, el baile no tiene sexo y menos cuando se trata de Xique Xique con Tom zé. Hoy, le tocó bailar con Isabel, metro y medio amarrado a la cintura de Saulo, pero la altura tampoco es un problema cuando lo que se quiere es bailar forró; Saulo dobla un poco su columna pero es tan elegante al bailar que no se nota la incomodidad,  fundidos en un mismo color de piel, no se distinguen a la media luz de la plaza, con las miradas de los espectadores como velas; los ojos de Saulo son chispeantes, es como si arrojara notas musicales cada vez que fija su mirada en algo, en los ojos de Isabel por ejemplo, sus manos aprietan con delicadeza la cintura de la mujer, y las manos de ella hacen un collar rodeando el cuello de él.  Un giro a la derecha seguido de varios a la izquierda, ella en puntillas busca darle algo de comodidad a su amante del baile, así lo llama en sus pensamientos, él siempre con una sonrisa amable y bien puesta disfruta lo que hace, una vuelta, otra vuelta como pasando por el puente imaginario de los brazos, sus caderas van al unísono de la música como si estuviera en la verbena del solsticio de verano en Brasil.

Isabel y Saulo son amigos, se complementan en la pista, son cómplices de algún secreto bien guardado que al bailar es como si lo descifraran a cada paso seguido detrás del otro y en metáforas susurraran las palabras, se encadenan a cada uno de sus cuerpos con compromiso musical, el ritmo de cada canción describe a este chico de cabello negro y rizado de sonrisa punzo penetrante, a las letras ella le pone sabor, amor.

Cada miércoles de 9 a 11pm, en la plaza de Camilo Mori, dos almas se encuentran, dos corazones se exaltan, dos cuerpos se funden al unisonó del triangulo, la zacumba y el acordeón. Isabel y Saulo son amigos, amigos íntimos del forró, con un secreto en sus pasos, unidos por una pasión.

MIGUEL

Miguel siempre llega puntual a su trabajo, las mesas y los toldos del Omertá lo esperan. Con pantalón negro y una camisa de cuadros marrones Miguel destaca su tierna sonrisa sobre los amantes de la pizza y el aperol. Miguel ronda los 26, tiene un perfil delineado desde la comisura de los labios hasta el terminar de sus cejas castañas, usa el cabello hacia el lado izquierdo pero el contacto que hace con todos es por su lado derecho, por esa parte tiene sus dientes completos.

A Isabel le gusta Miguel y su olor a jabón de avena y miel, su mundo se detiene cada vez que lo ve. Ella sabe que solo es un amor de verano, él sabe que caerá en el deseo que esconden sus manos, los amores de verano son calurosos y breves.

Isabel es garzona en el restaurante del frente, usa el cabello recogido los días lunes y jueves, los días libres de Miguel; el resto de los días ambos se encuentran a la salida, buscan una esquina se fuman un caño, se van con una alegría y un gusto por el otro desbordado, triplicado.

Era jueves, suena Don´t look back in anger cuando Miguel entra al restaurante donde trabaja Isabel, ella atendiendo a unos polacos de una mesa, alza su mirada y su corazón se exalta por la inesperada visita; Miguel se acerca rápidamente con pasos decididos, una sonrisa a medias en la que se le ven los dientes, inclina un poco la cabeza y se pasa la mano por el cabello, alza sus gruesas cejas; Isabel, siente que su corazón va más rápido, el ingles medio con el que se dirigía a los clientes se vuelve básico, sus pupilas parecen pelotas de ping pong mirando a los clientes y viendo cómo Miguel se acerca a ella desenfrenadamente, puede oler el aroma de él cada vez más cerca.  Él, como si conociera cada curva del cuerpo de Isabel la mira de arriba abajo, fija su mirada en la mirada de ella la toma con una mano en la cintura y otra por un lado del cuello, la besa apasionadamente delante de todos, el intercambio de sus lenguas a leguas no hacían ningún sonido, los clientes hacen sonar sus copas y gritan  Niech żyje miłość.

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ALIENACIÓN

Necesito reconciliarme con el lado izquierdo de mi cuerpo, dónde estás, no te he vuelto a ver, por qué te escondes de mí, acaso no me necesitas, acaso no te hace falta mirar con tu ojo derecho; mi memoria aun sigue fresca, eso que dicen que estoy paranoica es mentira y vaya que ambos sabemos muy bien de paranoias, la ganya nunca nos hizo quedar mal siempre bien parados, contentos y con el estómago lleno. Mi mente es un techo que no deja de sonar, la lluvia de los recuerdos me traen de vuelta a ti cada vez que no quiero y eso es lo único que no puedo controlar. ¡Aparece coño! el suelo siempre se hunde cuando paso por el frente de tu trabajo, pero cuando toco el fondo me hace cosquillas no creas que me estoy riendo contigo, me rio de ti de la manera como buscas volver a la eterna la juventud a través de las niñas, pobres niñas.

De niñas infelices está lleno el mundo, siempre lo he dicho.

Estoy un poco ansiosa porque ya no tardas en llegar, el murcio siempre te trae a tiempo pero no importa el mundo gira despacio y alguien tiene que ir más rápido que él. Mi estado de ánimo está expansivo, debo aprovecharlo, necesito maquillar el lado izquierdo de mi cara, debe estar pálido, no quiero que te des cuenta de que mi ojo se volvió gris; mis pensamientos ya no vuelan, cada pastilla anaranjada que me suministran me ancla al colchón de esta cama y no quiero,  no puedo movilizarme al menos que me salga de mi cuerpo, eso me hace gorda , eso no te hace feliz, lo he notado siempre que colocas Pas si simple, es la señal de que tu molestia se ha consumado y estoy aterrada de hacerte pasar por eso otra vez, es la razón del por qué llegas tarde y no lo soporto; no me dejes, por favor no me dejes; necesito que te apresures, la lucidez casi llega a la puerta.

Devuélveme el lado izquierdo de mi cuerpo, ese que mirabas mientras manejabas.

Estoy insatisfecha te entregué demasiados años hermosos de mi vida, toda mi veintena y ni siquiera salí a putear por las calles de Valera, qué egoísta eres, nunca te lo voy a perdonar. Sí, ya sé que soy culpable, pero no fui yo quien se obsesionó fuiste tú por querer matarte y nadie me creyó ¿por qué no llegas, acaso una de las niñas te ha vomitado el carro, tienes resaca? todos los jueves por la mañana los excesos te pasan factura, quién te manda a beber alpram con cerveza, eso da dolor de cabeza, siempre te lo he dicho. Tengo pánico a la medicación, no consigo estar contigo; pero dónde estás, ya te busqué en mi memoria y allí te encuentras, fatuo y amable como siempre, la desesperación me saluda y se frota las manos, qué grosera es, apúrate me puse la media que te gusta  en mi pie derecho, blanca con lunares rosados, la que me trajiste de México ¿recuerdas?

Tu foto en la casa de Frida la tengo pegada en mi pared, la miro todos los días.

Estoy decidida a olvidarte este año, porque estoy cansada de la rabia implacable que me agobia cada vez que no llegas a tiempo, no me gusta el lado derecho de mi cuerpo, mi mano está fría por no tocarte, además no me gusta usar guantes, siempre tengo que usar lentes para tapar la calvicie que me dejaste del lado izquierdo, mi cara es larga y ningún modelo me queda bien además sin mi ojo izquierdo no veo, la miopía la tengo en el derecho; no podré sustituirte pero tampoco podrás verme de nuevo. Por qué me has dejado, acaso mi cerebro no es rosado, por qué me has dejado, acaso te gustaba el papel del esposo loco infiel; por qué me has dejado, no te gustaban las estrías de mi barriga; por qué no llegas, después dicen que estoy paranoica. No te cansas de las mentiras que dices, o de la triple vida que llevas, deja a esa niña tranquila, le estás rompiendo el corazón y es demasiado el polvo que dejas en la cocina, gracias a Dios que yo soy la primera de esas historias, a mí no me fuiste infiel, conmigo no te hacías el loco.

Acaso Dios existe, que yo sepa las historias de amor son de dos pero te empeñas en que las tuyas sean de tres.

La veleidad te ha dañado la mente y el cuerpo, ya no caminas igual, cada vez que le robas a virginidad a una de diecinueve cojeas más, quedarás más pequeño que el metro y medio que llevo en mi bolsillo. Pero hasta cuándo me harás esperar, no te cansas de plantar al psicólogo, la frivolidad te tiene enfermo ¡basta! estoy cansada de llorar me duele mi ojo derecho, ¿no sientes nada por mí, ya no te gustan mis besos de sapo? Cuántas nenas has tenido en el repertorio, ni te imaginas cuántos de mi lista han intentado ser como tú, empezando por el terapista, siempre mastica el chiclet con los dientes del frente con la boca abierta así como lo haces tú.

Tráeme una torta de chocolate, tenemos que celebrar.

Estoy ensayando cómo abrazarte cuando te vea, deja de verme a través del espejo que no es así como quedamos, por dónde vienes, solo debías doblar a la izquierda después del metro, ¿ya no me quieres, me has olvidado? Black de Pearl Jam me traerá de vuelta a tu mente, ese es el soundtrack de nuestra historia  o eso dices, gracias por dedicármela siempre sueño con ella. Yo no sé si te amo, es que ahogué todo mi amor en el fondo del mar, es por eso que te encanta ir a una playa para buscarlo, pero…llegó el doctor, dónde vienes, la media ya está sucia, me da pena.

Bendito sea el desamor que te liberó de mí.

Amor mío, amor mío por qué no has llegado acaso te estrellaste en el camino, lo leí en el periódico pero no recuerdo qué día, se me olvidan las cosas Morello, hasta cuándo te lo tengo que decir, a los 33 años uno no bebe pastillas para la memoria, eso es a los 63 y le llaman demencia senil ¡ouch! las agujas me duelen demasiado, doctor no hay un medicamento para que no me duela tanto el corazón, Morello no llegó, me embarcó, no es su culpa, no es tu culpa, no es mi culpa…es que su abandono me ha dañado, ya no puedo ser la misma, además se ha llevado el lado izquierdo de mi cuerpo, la parte que a él más le gusta donde está el corazón, es un egoísta; ya me estoy sintiendo mejor.

Doctor por favor no me induzca a la conciencia que me duele.

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LA EDAD Y SUS COSAS

Justamente hoy el día de tu cumpleaños decidimos cambiar nuestros encuentros carnales por otros más peligrosos, los emocionales, esos que te complican las decisiones; los que te hacen actuar y aventurarte como púberos, los que te sacan de la razón, los que dibujan en tu imaginación la ilusión de una relación, ser amantes.

Y es que nos encanta el peligro, sabemos muy bien que nuestros matrimonios están completamente reacios a las separaciones o a los intentos de divorcios. Los hijos son buenas estrategias, conmigo funcionan; no me imagino las mañanas sin los desayunos de Abraham, es lo que mejor sé preparar y lo único que me provoca hacer en la cocina de esa quinta.  Felicia se encarga de todo, lavar, planchar, limpiar, decorar y cocinar; ordena las cuentas y yo solo dejo mi tarjeta de débito sobre la mesa antes de irme a viajar; a la final, no es mucho problema ella es quien lleva mi apellido.

A veces el viaje puede durar dos días, en otras ocasiones hasta un mes, todo depende de quién me acompañe y el ánimo que me dé. Si llenan mi cama con mucha pasión de entrega y se embriaguen conmigo al mismo nivel significa más de 3 días con mucha suerte un par de tardes en la playa, de lo contrario hasta podría viajar solo en una ida y vuelta, las acompañantes siempre sobran, mis tatuajes, mi sonrisa y mi camioneta siempre me ayudan, ahhh esta vida de empresario trillonario es como estar con Dios y con el diablo.

Mi estimada Vecca, tú y yo sabemos muy bien que la consecuencia de involucrar emociones son las esperas que desesperan –le dije. Esperar para llamar, esperar para salir, esperar para vernos, esperar para dormir; esperar que las aguas se calmen, esperar a Abraham que salga del colegio, esperar que a Felicia se le pase, esperar para podernos escapar. La espera es el principal enemigo de los amantes, y el después es el verbo que se conjuga para salvar el romance ¿estás segura de dar ese paso? Yo no tengo apuro y no quiero que mi amistad contigo se pierda le dije sin ningún reconcomio.

Los viajes me sirven para controlar mis estados de ánimo, o así me dijo Oswaldo, mi psicólogo.   Soy un inconforme, un inseguro y un inmaduro con las emociones; mi poca constancia hacia las cosas y las personas me hacen ser un monstruo. Aparte, tengo el peor capricho de todos, contarle mis problemas a cada una de mis amantes, sus análisis de mi equilibran mi culpa, le dan un poco de respiro a mi conciencia y el color que necesito a la vibra de mis días. Pareciera que todas me comprendieran y me quisiesen por como soy, a la final siempre terminan odiando lo que hago y yo con el polvillo de un corazón más estuchado en el bolsillo.

La última confesión que le hice a Hortencia, fue contarle cómo me había dejado Jimena y cuánto me había dolido, lloré y todo, recuerdo que Hortencia me limpió las lagrimas con su lengua, me hizo el amor como nunca y sus palabras a ese encuentro fueron: “me encanta que me cuentes lo que te sucede, me siento importante en tu vida, tu confianza en mí me demuestra lo mucho que significo para ti” Hortencia se había enamorado pero yo estaba perdidamente dolido en el desamor de Jimena y envuelto en las maldiciones de Felicia, quien también se había enterado de mi despecho, -un despecho a los 40 años es a nivel sano, en el que uno no quiere morirse- yo, en el fondo sabía que saldría ileso de todo esto, volvería  buscar a Jimena y ella accedería, Felicia por el bien de Abraham en plena adolescencia me dejaría volver a la quinta, y yo seguiría contándole mis cosas a Hortencia para que me consuele en el sexo más divino del planeta, a pesar de que la espera de Hortencia por mí y mi  falsa renovación de vida, le rompería el corazón y ella de algún modo se marcharía.

Es lo malo de ser veleidoso, todas terminan con el corazón roto y yo con el cargo de conciencia por sentirme tan solo.

Vecca intenta detener el paso, me lo ha dicho un montón de veces, ser amante es complicado me dijo,  “ya no me puedo escapar de mi esposo, mi madre lo ha notado en mi mirada, mis hermanos ya no me hablan, son demasiadas las cosas que pondría en juicio por ti, por este enamoramiento esperanzado y desesperado en saber todas las noches de ti,  la famosa espera me ha llegado Yann, me he enamorado”

 Las mentiras más crueles las dice el silencio, esa tarde no salió media palabra de mi boca después del encuentro, encuentro emocional y ni señas del carnal, solo comí la torta que compramos para  su cumpleaños número 23.

Han pasado 6 meses, Vecca y yo hemos viajado dos veces, uno fue un viaje laboral y en el otro nos regalamos el mar. Vecca tiene el anhelo de que sea con ella con quien me quede definitivamente, sus ojos me lo dicen y sus consejos están muy bien elaborados bajo lo subliminal. Sus análisis de mí concuerdan con los de mi psicólogo, sufro de veleidad.

Yo sigo pensando lo mismo, son cosas de la edad.

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POLVO DE ESTRELLAS

Cryyyyy babyyyy, suena en los audífonos de Miranda mientras desencaja los esquineros de las sábanas de su cama, aun con la pijama puesta, de tul azul transparente, enciende un cigarrillo, bebe un sorbo de tequila con limón del vaso que está al pie de la mesa de noche; sube la tira que cae a mitad de su brazo. Se coloca los lentes rosados de pasta  y tararea a Joplin con una sonrisa falsa mientras una lágrima negra desliza sobre su mejilla, se limpia con el hombro y sigue como si nada.

Debía ir a trabajar pero durante sus días libres decidió irse para el espacio, sí el espacio sideral;  no preparó la clase que le tocaba abrir la semana, no era mucho inconveniente, había pasado un montón de veces por la misma procrastinación; mandaría una nueva novela para que sus estudiantes leyeran, La casa de los espíritus de Isabel Allende, era profesora de Literatura del 4to y 5to año del bachillerato.

Con ojos hinchados del trasnocho y la agonía por la que pasaba esa mañana, camina hacia la lavandería con toda la lencería de su cama, arrastraba como carcoma el lastre de la conciencia vacía, un silencio entumecido la aturdía, ni siquiera en su mente pronunciaba una palabra tenía los pies maltratados por los tacones que había usado durante casi toda la noche sobre las sábanas; sí, se obligó a tener 11 centímetros más de altura, le gustaba sentirse alta en la cama; se desnuda frente a la lavadora y mete todo lo que tiene de tela en el artefacto, si por ella fuese metiera también su mente, su lengua y sus piernas, necesitaba borrar las huellas de los polvos de estrellas que habían pasado esa noche por su catre, su alma, sus manos y su entrepierna, necesitaba enjabonar los besos desgastados que habían marcado todas las coyunturas de su cuerpo.

 Miranda vivió esa noche una galaxia completa.

Los hombres eran helio, carbono, nitrógeno y oxígeno en el apartamento de Miranda solo por las noches, porque solo de noche brillan las estrellas, con el alma desnuda y la sonrisa bien puesta,  con olor a trementina y sabor a jabón de avena

De manera compulsiva ordena sus estrellas entre un computo de canciones, es adicta a beber Margaritas por la mañana, fanática de su pasado, manipuladora y complaciente de su cuerpo completamente tatuado. Es secuaz  de miles de historias contadas y dibujadas bajo su cama y es allí donde se queda la mejor parte del cosmos; el polvo de los cuerpos, de los besos de sus entregas.  Miranda es pequeña, lo que la hace ver alta es su intelecto, casi transparente de lo blanca, sus ojos con algún rastro de ojeras siempre brillando es lo que seduce a sus querellas. De día es flaca, pero de noche toma el cuerpo de una estrella.

Como de costumbre decide quedarse el lunes en la cama, tiene resaca, se siente gorda de tanto sexo, le duelen los labios de tantos besos; tiene su mente cansada fueron muchas historias las que le contaron: “tengo aburrida a mi esposa, no soporto a mis hijos, me gusta la secretaria pero está casada, tuve un amorío con mi primo, el dinero no me alcanza” recordando la primera historia, la que le contó Roberto, suena Summertime.

Miranda era una coleccionista de estrellas en su colchón, rosar su cara con sudor andrógeno por la mañana era la receta para la eterna juventud, usaba como colágeno los labios recién despertados de los menores de 32. Era soltera y jamás se había enamorado. Tenía una lengua pertinaz o eso fue lo que le dijo Virgilio antes de partir de su casa esa mañana. Llevaba el corazón por fuera del cuerpo, una completa descortesía para los matrimonios y los noviazgos. Ella, a sus 30, prefería vivir en el espacio, brillar y ser polvo de estrellas y que cada planeta sean sus besos, la vía láctea sean sus orgasmos y que sol fuera el amor para ella.

Esta historia fue escrita con Work me Lord como música de fondo.

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EL PARAÍSO DE LOS BESOS

Fue un sábado de besos completamente violentos, no hubo uno solo que pudiera rayar dentro de lo blando no pudimos aguantarnos y decidimos atragantarnos públicamente de la saliva del otro, con movimientos bruscos y para nada decorosos; con lenguas desesperadas por arrancar cualquier te amo, con lenguas exasperadas para olvidar con apuro el sabor de los besos del pasado. Nos besamos tanto que los labios inferiores nos ardieron y se pusieron rojos.  El descontrol de estos besos, te sacan del tiempo, te sacan del espacio, te sacan en pijama, te suben el vestido, te sacan del olvido,  te sacan del deseo inmoral, pero es que lo besos no entienden de moralidad, no saben a decencia, son besos y ya.

Anteriormente estuve casada dos veces, y nunca entendí la filosofía del beso. Solo los utilizaba para el sexo, nada de besos para saludos o despedidas, nada de besos al acostarnos y menos como premio. Solo al despertarnos y darle aliento al mañanero. Para mí los besos eran apátridas, amorales y sin sentido común, no tenían color y mucho menos sabor, mi fetiche era siempre con los ojos abiertos.

No nos importó estar rodeados de tantos compañeros de trabajo en plena celebración del día del abogado, el bufete olía a comida, pollo frito, cerveza y papas horneadas, estas últimas como el plato para las que estaban a dieta, entre ellas yo incluída; mientras nos besamos desenfrenadamente la primera vez, pensé en aquel dicho “no hay amor más sincero que el amor a la comida” sin embargo, nunca abrí los ojos, yo solo me dejé llevar por la sincronía de aquellos labios nervudos que por primera vez me sabían a nueces.

Julio siempre me besó con pereza, no toleraba la lentitud de su lengua, no me calentaba, su saliva era algo que me tragaba como cuando te tragas un jarabe para la tos, el berro era mucho mejor. Solo nos besábamos por las mañanas después de cepillarnos los dientes, nos devolvíamos a la cama y hacíamos el amor, ese era el momento del cruce de besos. Los aburrí a la cuarta semana después de habernos casado, lo mantuve en silencio por un año hasta que Augusto llegó.

La cara de las secretarias era un chiste, parecía como si hubiesen visto una película de terror, y es que Fabián y yo nos habíamos convertido en el susurro del viento: “impúdicos” “demasiado obscenos” “qué tirria quisiera un hombre/mujer que me besara igual”… en cada rincón, en la pista de baile, en los baños y hasta en el balcón Fabián me besó disolutamente, siempre supe que tenía una urgencia conmigo pero jamás di con qué hasta ese momento.

Vagabundamente, quise creer que Augusto había llegado a mi vida para salvar mi matrimonio con Julio; pero terminó siendo el esposo número dos en mi lista; él me besaba apasionadamente, me gustaban los besos del mediodía, los de después del almuerzo eran los que me quitaban la llenura y me eliminaban la resaca de haber comido fritura. Hasta que un día, Augusto repentinamente decidió alojar sus besos en otra boca, una inocente, nunca lo detuve, nunca me lo dijo; semanas después, me enteré que sería papá y la madre de su hijo era una niña de diecinueve. El divorcio tardó dos meses, me peleó el carro pero soy abogada por supuesto, no lo ganó.

Dispuestos a romper nuestras ropas si era necesario, Fabián me arrinconó en su oficina, que quedaba justo al lado de la mía; me besaba tan fuerte que sentía mi labio inferior débil y deshidratado, no me importó, sentirlo junto a su respiración era lo que me excitaba era como succionarle el alma cada vez que me besaba. Besos fuertes, apasionados y descontrolados estaba en el paraíso de los besos, de todas las formas, de todos los colores y de todos los sabores en una sola boca; besos inmorales, vehementes, impetuosos adictivos y suculentos. Su lengua era perfecta, encajaba en mi boca sin excesos, sin ventanas sin ojos abiertos.

Sin remordimientos me imaginé a Fabián como mi último esposo, el número tres, puesto que destronar lo indecoroso de los besos violentos en mí era completamente de su parte una sensatez. Fue un pensamiento quimérico, por supuesto, pero me gustaba creer que era cierto, me lo imaginaba lavándole la ropa y paseando a los perros.  Desayunaríamos besos americanos, almorzaríamos besos a la parmesana y cenaríamos besos con carne esmechada.  Él me arreglaría por fin mi ducha y calentaríamos el agua con nuestros cuerpos.

Una semana después, a Fabián lo trasladaron al bufete de la Capital, pidió un departamento de 3 habitaciones puesto que se llevaría a su esposa, hijos y sus dos perros.

 

 

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CARTA PARA ANTONIO

Esta es la tercera carta que no me contestas, acaso has muerto?

Entiendo que estés molesto pero al menos me gustaría saber si el trasplante salió bien. Paso la tarde pensando que si estás vivo el calor empeora tu recuperación y que si has muerto lo hiciste furioso conmigo. Espero que no hayas muerto.

Si al menos me contestaras para pelear, extraño nuestras discusiones me parece impresionante que defiendas tanto a los comunistas, a la supuesta lucha que equipara la justicia en el mundo, defiendes con tanto romanticismo a la izquierda que quiero protegerte de tu éxtasis conductual, no hayo manera de que entiendas que sigues a los zombis,  me imagino que si vives y estas leyéndome, en este momento debes estas refunfuñando con lo que tu consideras son muy buenos argumentos y gritándole a la carta que soy una facha pobre.

¿Te cortaste las uñas este mes?  Te odio por siempre tenerlas largas, te compre un cortaúñas para  tu cumpleaños, espero que no hayas muerto con las uñas largas, aunque si estás vivo y te llega el cortaúñas de seguro se lo lanzas al hombrecito  de la encomienda con toda tu esplendorosa personalidad.

Antonio contéstame, realmente te extraño, sé que tengo gran parte de la culpa pero en todas las relaciones alguien la tiene, tal vez no debí darte la noticia por carta y por eso me castigas dejándome a solas con mis incesantes monólogos dirigidos a ti y tu anciano colon.

¿Cómo va el juicio? Lo último que supe es que no llegaste a ningún acuerdo,  me parece muy bien que no negocies, además debes respetar la última voluntad de Cecilia, ella siempre dejó claro que al morir un fetichista heredaría sus pies talla 33, sumándole a eso que no es fácil cumplir con sus requerimientos de encontrar un taxidermista  argentino  que deje a la perfección la caída de su empeine.

Yo estoy bien, pero no tanto, no he vuelto a comer pescado crudo con limón, ni siquiera me acerco a las ferias peruanas, eso es algo que solo me permito contigo, desde que no se de tí, cada vez que pienso en el ceviche me empiezan a doler las tripas y en vez de que se me haga agua la boca me dan ganas de vomitar, creo que sufro abstinencia a falta de tus chistes malos, a la falta de tus ojos olivos siguiendo el culo de las garzonas, si estás vivo se que sonreíste recordando esos traseros firmes extranjeros que te servían el pisco sour de maracuyá.

Antonio contéstame, si decidí volver a la casa con Teresa no es porque que a ella la quiera mas, al contrario, en mi mundo perfecto estaríamos los tres viviendo juntos, pero coño uds dos son súper cuadrados, conservadores y sureños, tu eres mi lámpara en el lado izquierdo de la cama, tu eres la ternura que no encuentro en las sopas de cebolla, tu eres mi espacio al vacio, si estás vivo de seguro estas pensando que soy súper descarada, siempre dijiste que yo era una perra maldita, y tal vez tengas razón pero por Dios al menos no soy aburrida o mosca muerta.

Finalmente me estoy terminado Rayuela, si estás vivo  de seguro estas volteando los ojos pensando que soy cliché, pero ambos sabemos que el libro me lo robe de la biblioteca de tu casa, no extraño que ronques como mastodonte, ni extraño llegar trasnochada a mi trabajo para atender una fila de exiliados en la embajada, deberías decirle al doctor que te arregle eso cuando te trasplante el colon, si es que aún no te operan, espero que no hayas muerto.

 Responde pronto.

Atte,

Javiera Sánchez

Tu perrita maldita.

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PISO 9

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DENOTACIÓN Y CONNOTACIÓN DE UN AMOR ETERNO

La siguiente es una historia real a la espera de que suceda.

Íbamos en el metrobús directo a nuestras casas, uno sentado al lado del otro, se nos había hecho tarde luego de una larga jornada en la que coincidimos nuestras esencias, esencias de personas a las que les gusta sentarse por 4 horas y mirar una ilustración, no cualquiera, una con bastante carga ideológica, artística, pintura que se destaque en centros, pesos visuales, ejes y equilibrios. Yo iba nerviosa, era un hombre demasiado hermoso el que rosaba mi rodilla izquierda, no podía dejar de verlo en disimulo rogaba en mi pensamiento que me preguntara la hora, o que por lo menos se quejara por el calor que estaba haciendo.  En ese preciso momento cuando apenas y coincidimos un cruce de miradas sonó la canción de Spinetta Todas las hojas son del viento, sonreímos comprometidos, sin que se nos vieran los dientes.

Aferrarme a tu encuentro es lo único que me salva de este deseo tan impuro que tengo de ti. Tu voz me calma, apacigua cada pensamiento apurado que tuve, que tengo y que tendré siempre de esto a lo que no le pondremos nombre ¿para qué? Los nombres dañan las relaciones. 
Ya sé que voy muy deprisa no me regañes, ya sé que los días son largos y la distancia de tu casa a la mía aprieta, ya sé que del apuro solo queda el cansancio, ya se mañana te veré de nuevo para caminar hasta que las plantas de nuestros pies se pongan rojas o tal vez desangren, pero ya sabes que debes buscar zapatillas para trotar, las Converses no son para eso; no solo caminaremos y trotaremos, sino correremos en el tiempo, porque es tu tiempo el que me apremia, es tu espacio al que le dedico todos los caminos lindos, empinados, solitarios o empedrados, tu sola presencia los hace bellos.

A lo largo del camino imaginé miles de maneras de cómo iniciar una conversación, ensayaba en mi mente las palabras precisas y los gestos que tendría cuando pronunciara la sílaba ‘no’, apretaría los labios a mis dientes y en el entreabierto mi lengua asomaría la punta a manera de cortejo; todo fue en vano el se me adelantó y me preguntó que tal me había parecido el cuadro de Darío alias el Grangris, te ví solitaria en la expo y un poco conmovida –dijo con atrevimiento.

Me gusta caminar a tu lado, si es de tu lado izquierdo mejor, puedo hacer que rocen nuestras manos, puedo detallar mejor tu movimiento orbicular, amo el caracol de tu oído parece un durazno mordido, amo el corazón que forma tu labio superior, es como si le hiciera un techo de paloma a tu sonrisa, sonrisa pícara, manipuladora y generadora de oxitocina.
No hay nube que sostenga el encuentro, estamos tan cargados de pasiones que colgamos solo de nuestros deseos; voy hacer de mi la estrella más bonita y de ti el arco iris más largo de este cielo, tus manos huelen a naranjas, puedo sentirlas en mi cara suaves, húmedas como si estuvieran nerviosas recorriendo mi sexo.

Me encantó el cartel “Emigración” –dije. Estaba repleto de emociones y vibraciones, era un cartel completamente de protesta social que reflejaba la partida de algún ser querido del país, me recordó a mi hermana y lo que sentí hace un mes cuando se fue a España. Él sonrió y respondió: me parece que nos ha gustado lo mismo. La tendencia a la simplicidad, a veces el hombre percibe estructura y color lo que percibí del cartel fue una profunda tristeza por parte del autor.  Te vi observando la ilustración, noté que te habías impregnado del sentimiento y quise preguntártelo pero te fuiste, me dice en tono sutil y tranquilo.

Entonces me gusta que me toques, por eso pedí tus manos prestadas, me gustan tus fechorías románticas con la mirada que te libra de las culpas, corto tiempo es el que nos depara infinitas las caricias en las que te envolverán mis labios y mis dedos. El olor de tus mejillas me excita y no puedo disimularlo.
Deja de regañarme que tengo el apuro del tiempo, se pueden sentir demasiadas cosas a la vez y no morir en el intento; deja de preocuparme que mañana nos vemos. ¿A qué huelen las nubes cuando están llenas de sentimientos? No soy yo es la luna, no es la luna son las estrellas, entonces perderé mi mirada en la tuya, engulliré mi boca con tu lengua y de tus abrazos quedaré prendida sin disimulo a un cielo con sol, luna y estrellas; por las noches solo nos arrullaremos en besos, en olores que contarán la pasión de cada exhalación de los poros de nuestros cuerpos.

Ambos con miradas completamente enamoradas entendimos las señales, se llama Ignacio, me tomó de la mano y nos bajamos en la siguiente parada, la estación del amor eterno.

Te haré mío con la libertad de no necesitarte nunca y viceversa.

DPTO 11-03

Piso 11

DPTO 11-03

LOS JINETES DEL APOCALIPSIS

Me perseguía la secta LEBASI por toda la ciudad de Valera, sabían que yo era anti ellos, no estaba de acuerdo que destruyeran los pocos templos del arte tampoco estaba de acuerdo que comieran dedos de personas mayores ni tampoco que estiraran los rabos de los cerdos.  Una vez entraron a uno de los teatros, decapitaron todas las estructuras de Ana Enriqueta Terán, Teresa de la Parra y María Calcaño; incendiaron el santuario de las letras clitorianas, el único refugio de la urbe en el que podíamos, las mujeres, intercambiar las intuiciones con argumento.

Ni decir cuando entraron al museo de Rafaela Baroni.

Ellos, los destructores de la libertad artística, los asesinos de las letras, poseedores de las almas perdidas de los bardos, decidieron que yo debía formar parte de su lista negra; pero qué significaba eso, no tengo idea, nunca ha habido un registro de lo que sucede cuando por fin toman a alguien y lo pasan al inventario de poetas.

Han dicho que son agujas las que colocan en las pupilas para impedir que las personas puedan leer, he escuchado que mutilan dedos para que no se pueda escribir, tal vez se trate solo de una incineración de ideas, tal vez solo nos amarren a los recuerdos que nos duelen para hacer que paguemos los pecados, o tal vez solo nos quemen y ya; Los depredadores del arte no soportan las buenas historias, le llaman pecados mortales.  Lo que sí se con toda certeza es que cuando me encuentro con estos seres huyo a toda velocidad por las calles de Valera, ya no camino troto y cuando ellos me atinan asiento la velocidad de mis pies, ellos con desenfreno, me persiguen, me acosan, me arrojan sus cadenas.

La última vez que me atosigaron por poco me atrapan, yo recogía los restos de los libros calcinados de la única librería vintage que existía –La siete colinas-, intentaba armar tan siquiera un libro con recopilaciones de hojas en las que todavía se podían ver algunos versos, salvar algo de las letras.

Créanme que montar un poema con diferentes sonetos es completamente una ilación, pero preservar la esencia de algunas historias da color a cualquier cosa:

*
Necesito un anillo delirante
Para la oculta sombra de mi mano,
Un archivo de mar para el verano
Y documentos de agua suplicante.
 **
Si yo puede ser
Si solo pudiese ser
Si apenas ser
No se oirían estos gritos
Y esta cuerda que arrebata
El último sonido. 
***
Escribe una calle para mí
Una calle de sol como tus manos
Escríbeme una ciudad
De altos jardines luminosos.

Fue tanto lo que corrí tras esa persecución, que sentía la piel fría, la cara un poco adormecida y las manos completamente entumecidas; ellos durante esa larga  carrera, siempre se mantuvieron cerca,tanto que podía escuchar los pensamientos de tortura a la que me someterían, al igual que el chasquido de sus dientes y ni se diga del arrastre de unas cadenas, las chispas que salían con el roce de la calle era lo único que atinaba a ver por la rabadilla del ojo, tal cual jinetes del apocalipsis, pero el apocalipsis del arte.

Sin embargo, llegué a una urbanización custodiada por los militares de la cultura, o así le llamaban, estos estaban uniformados con vestiduras blancas, un colgante amarillo y una máscara, iban armados con libros de mitología griega; el lugar  estaba repleto con edificios hechos de libros, esculturas, teatros por escuelas, viejitos, cerditos y pantallas de cine en cada esquina.

Recuerdo que al cruzar la primera esquina, la película que rodaba era Selma.

Adentrarme a esa zona de confort para el lector, escultor, pintor, cinéfilo… fue sin duda alguna mi salvación, o eso pensé yo. De inmediato subí al edificio de los libros de Goethe, no sé por qué tengo la manía de recurrir a los libros universales cuando me siento agobiada. Apenas llegué al piso uno noté que se habían infiltrado algunos de los asesinos, mis persecutores, iban disfrazados de personas mayores.  Tuve que correr al último departamento, El Fausto, cuando entré, me voltee para mirar y unas plantas que estaban en la entrada se convirtieron en Gorgonas que asesinaron a los embestidores y ya sabemos cuál es el final para el que ve la cara de Medusa. Seguidamente, hubo un temblor, el piso donde yo estaba se abrió, y caí despiadadamente a un vagón, había demasiada luminiscencia al parecer me había salvado, iba directo a las puertas del cielo de las artes.  Al parecer podré entrevistar a un montón de responsables, pensé.

En ese preciso momento, desperté.

* Ana Enriqueta Terán.
**María Antonieta Flores.
***Carmen Cristina Wolf.

 

 

 

DPTO 05-04

PISO 5

DPTO 05-04

NINA EN LA DULCE ESPERA

¡Las Nancys se tienen que acabar! Decía Nina cada vez que Eduardo no llegaba a su casa. La frase era tan convincente que cualquiera de sus primas que la escuchara se la creía. Nancy, es la mamá de Nina, es bajita, rubia obligada pero el tinte ya no le tapa las canas; llevó un matrimonio a cuestas de 29 años, se separó poco antes de celebrar las bodas de perla.

Era costurera, amante de los juegos de mesa, siempre fue una excelente esposa y cocinera, desayuno, almuerzo y cena a la hora, el jugo puntual los domingos por la mañana, las camisas planchadas  y los pantalones todos con las botas recién hechas; para los eventos sociales limonada con soda, jamás una copa, ella decía que el licor no era cosa de esposas.  En casa, los perfumes debían permanecer en la cajas, los de ella para la derecha y los de él para la izquierda, las cremas de manos, pies, cuerpo y cara sobre la mesa de noche para los masajes después del baño; el orden y la limpieza de la casa era de hotel 5 estrellas, poco se diferenciaba el amor de la obsesión un tanto compulsiva de Nancy por ser la mejor de las mujeres que encabezaba la lista de Simón.

El segundo lugar en aquella lista poco agraciada, lo ocupaba una enfermera, Enma, de unos 40 años,  no tenía ni una arruga en la cara; era alta y la encargada de prevenir las enfermedades de Simón, sexo cada dos días por la mañana era la mejor receta para bombearle sangre al corazón, nada de trasnochos con cerveza, los trasnochos deben ser con Wiskey de etiqueta.  Enma era una amante feliz, la nevera siempre llena al igual que la zapatera, una remodelación a la casa por mes, compromisos sociales, viajes y cenas familiares.  Nada de discusiones porque el estrés arruga la frente, ese es su lema.  Enma era la madre de 6 hijos, el tuñeco era el hijo de Simón.

Ambas mujeres se conocían, se hicieron las mejores amigas en el hospital dando a luz casi por igual, Nancy como madre de la niña y Enma como madre del varón. Nancy siempre supo que Enma era la amante de su esposo Simón, pero jamás renunció a los lujos de esposa por defender la causa de una situación sentimental completamente mutilada de la razón; para Nancy, Enma era una más, y siempre se repetía mentalmente “la esposa soy yo”.  Por su parte, Enma jamás pensó que aquella niñita a quien le habían puesto por nombre Nina, era la hermana mayor apenas por unas horas de Eduardo su hijo número seis, el menor, el heredero de Simón.

Nancy siempre lo mantuvo en secreto pero cuando Enma se enteró, de inmediato dejó a Simón; fue la escena tal cual de la película Closer de Mike Nichols cuando Jude Law confiesa a Natalie Portman su infidelidad, el mismo drama de parte de ella, la misma indiferencia y seriedad de parte de él; cuando Simón pidió el divorcio a Nancy para disponerse a ser feliz con Enma,  Enma nunca lo aceptó de vuelta.

Simón ahora con 63 años se sigue viendo con Nancy, a escondidas; Nina lo sabe pero disimula, quiere en casa de vuelta a sus padres, sigue esperando a Eduardo, tiene fe que este cambie, mientras se soba la barriga, han llegado sus 8 meses de embarazo, falta poco para dar a luz al niño que tendrá por nombre Simón Eduardo.